viernes, 27 de noviembre de 2009

Hablemos de jóvenes y viejos

por René Gómez Manzano

Por desgracia, no han faltado algunos comentaristas que nuevamente han aprovechado la coyuntura para contrastar de una u otra manera a la joven bloguera (Yoani Sánchez) con los más veteranos opositores y comunicadores. Y lo que es mucho peor: para olvidar a las decenas de periodistas independientes y otros luchadores pacíficos que, por haber empezado a decir sus verdades hace ya más de siete años, se encuentran desde entonces en prisión. Con ello —como es obvio— no le hacen ningún favor a Yoani.

La idea de un relevo generacional en las filas de la oposición interna —¡y también en las del Gobierno, por supuesto!— me parece excelente. Lo que sucede es que en etapas anteriores no han faltado jóvenes carismáticos (quienes, por curiosa coincidencia, han solido tener raros no sólo los nombres, sino también los apellidos) que han alcanzado súbita notoriedad. Pero debo decir con todo respeto que esas ocasiones pasadas me hacen recordar la anécdota del hombre que quería tener burros que trabajaran sin comer, pero que cada vez que tenía casi adiestrado a uno… el animal se le moría. Digo esto salvando las distancias porque, en esos otros casos, después que el joven prometedor alcanzaba fulgurante celebridad, se marchaba al exilio.

Debo aclarar que no los critico por ello. Salir de cualquier país, incluso del propio, y regresar a su país, son derechos humanos reconocidos en el artículo 13 de la Declaración Universal. Y como abogado conozco el apotegma jurídico de los antiguos romanos: Quien hace uso de un derecho no ocasiona perjuicio a nadie. Lo que sucede es que, hasta ahora, los que se entusiasmaban con cada cara nueva se han quedado como el burrero del cuento. Tras concebir falsas esperanzas, tenían que volver a arreglárselas con los mismos opositores veteranos, los mismos viejos que probablemente no somos los mejores, pero que por lo menos quizás seamos los menos malos y que —sobre todo— somos los que seguimos aquí en Cuba, al pie del cañón, contra viento y marea.

El artículo completo aquí.

1 comentario:

jose luis sito dijo...

En estos momentos los cubanos de la isla están haciendo ejercicios militares.
Me acuerdo de un círculo infantil que se llama "el soldadito de la revolución", tiene su letrero pintado con el dibujito de un soldado color verde mostrando un fusil en la mano.

A partir de la edad de 4, 5 años, el castrismo, la “educación” castrista ya les aprende a militarizar su cabeza. Lo que ha ocurrido en Cuba tiene bastantes diferencias con los regimenes comunistas de Europa del Este, por ejemplo.
Una de estas esenciales diferencias, es la militarización de todas las esferas de la sociedad, que se explica a partir de la psicología del Dictador Máximo- violenta, agresiva, brutal y desprovista de sensibilidad al sufrimiento del otro- también a partir de la historia cubana -guerras continuas contra España acompañadas de sus excesos y vehemencias - e historia latinoamericana con sus violencias repetidas desde principios del siglo XIX.
Es una región asaltada por una violencia que se ha vuelto institucional y se ha metido en todas las cabezas.

Esto para decir que no solamente Cuba está instalada en ese ambiente regional violento, pero que el castrismo lo ha erigido en forma de vivir. Basta con reportarse a la “reflexión” del dictador general disfrazado de comandante, cuando aplaudió la agresión que el atleta de taekwondo Marcos propinó al árbitro en los últimos juegos olímpicos., calificándola de actitud espartana. Justamente, las ciudades griegas de Esparta y de Atenas no compartían los mismos principios.

El Dictador máximo ha fabricado una sociedad, un mundo social, basado en el enfrentamiento violento, agresivo, vehemente, feroz, de los unos contra los otros. Tanto en el interior como en el exterior. Este enquistamiento de la violencia en el cuerpo social es algo propio al castrismo. Su militarización, sus marchas combatientes, sus actos de repudio, sus CDR corresponden a esa raíz agresiva, violenta del castrismo, desde sus origines, ya mucho antes de 1959.

El “soldadito de la revolución” está metido en muchas cabezas. Por suerte no en todas.
Quizás haya que analizar ciertos comportamientos a partir de esta “educación” castrista, de este quiste castrista, agresivo, violento, lleno de odio y de resentimiento. Los “educados” por el castrismo, los instruidos por un contorno castrista, todos aquellos que olieron el ambiente castrista van a tener que hacer varios esfuerzos para desintoxicarse, como se hace con una secta.
Entonces, quizás el problema no sea entre jóvenes-viejos, disidencia tradicional- disidencia moderna, métodos viejos-métodos nuevos, web-huelga de hambre, sino entre espíritus militarizados y espíritus emancipados.

Un saludo admirativo estimado René Gómez Manzano.