google.com, pub-9878019692505154, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Cuba Inglesa: Silvio, Montaner y la falsa Batalla de Ideas

viernes, 16 de abril de 2010

Silvio, Montaner y la falsa Batalla de Ideas

por Armando Añel

Como decía el caricaturista Alfredo Pong en una de sus etiquetas (en la imagen), Silvio Rodríguez, al abandonar el debate con Carlos Alberto Montaner, ha abandonado también la Batalla de Ideas. La verdadera, no la diseñada por el castrismo para edulcorarse a sí mismo. Sus razones tendrá Silvio, o le habrán impuesto, porque para vivir en Cuba sin ejercer públicamente la oposición, o por lo menos la disidencia, siempre hay que guardar silencio, de una u otra manera. En cualquier caso, con haber entrado en la polémica el autor de Ojalá había dado un paso de avance considerable.

Un paso tan inusual y peligroso que ya el castrismo ha comenzado a mover enérgicamente los hilos de sus amanuenses. No contento con haber mandado a callar al cantautor, el Poder le envía una advertencia mediática (con Jean-Guy Allard como marioneta a cargo): Te has puesto a dialogar con un “terrorista”. Son las mismas acusaciones apergaminadas y ridículas con las que el régimen ha perseguido la figura de Montaner a través de los años. El ladrón castrista cree que todos son de su condición: a los verdaderos terroristas, los que han ejercido la violencia durante medio siglo como método para consolidar el totalitarismo y exportarlo a las cuatro esquinas del globo, no se les ocurre otra cosa que proyectar su naturaleza en la de sus oponentes, en un pueril acto de camuflaje retórico.

Y es que la “Batalla de Ideas” anunciada por el régimen de La Habana no es más que una operación propagandística en la que no caben el intercambio de argumentos ni la polémica. Adicionalmente, el público receptor natural, el residente en la Isla, sólo tiene acceso a las “ideas” de uno de los contrincantes. ¿Cómo puede haber batalla si en el campo de batalla por antonomasia, el territorio cubano, sólo dispara un solo ejército? ¿De qué batalla estamos hablando si uno de los dos bandos se niega a enfrentar al otro en un debate abierto, y cuando un soldado despistado da un paso al frente --Silvio— es inmediatamente amonestado por la jefatura? En la arena del circo castrista un solitario gladiador pega mandobles al aire, sin oposición visible. Es esta suerte de grotesca pantomima lo que puede percibir el público (la sociedad cubana) desde las gradas insulares. Es a esto a lo que se reduce la famosa “batalla” oficialista. En este contexto se inscribe la monótona, pero cíclica, operación de descrédito contra Montaner.

De cualquier manera, no se puede abandonar el campo de juego, ni siquiera cuando ha sido secuestrado por jugadores que no respetan las reglas, y el autor de Viaje al corazón de Cuba lo sabe muy bien. Su polémica con Silvio Rodríguez ha abierto una ventana a la esperanza, y el castrismo, terrorista aterrorizado, intenta clausurarla desesperadamente.

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