jueves, 1 de septiembre de 2011

Exilio de Ilse Uyttersprot

Hacía tiempo que el amor podía escapar por esa rendija improvisada en el cielo, en lo alto de la torre, hacia la espuma sin límites de Playa Hedónica. La alcaldesa lo sabía. A la orilla de la playa, el rostro cruzado por una ráfaga de aire fresco --una ráfaga y otra, más otra más otra--, ella podía imaginar que flotaba acostada en una nube, viendo desfilar los países del eterno sueño humano allá abajo, como hormigas, o en lo alto de la torre del Palacio Real de Olite, en Navarra, uno de los castillos medievales más lujosos de Europa. Esto último, precisamente, creía Ilse Uyttersprot.

Alcaldesa de Aalst. Miembro del Partido Popular Europeo. Potencialmente exiliada en Playa Hedónica. Porque, ¿cómo desconocer que más allá del tiempo, perdida entre las dunas del Reducto jubiloso, la dicha era una realización? Sexo puro en lo alto de la torre. Aire limpio. Vestigio inmaculado. Aunque siempre hay un ojo que te ve cuando el exilio constituye aún una reminiscencia o, inversamente, un propósito más que un hecho. Más que El Hecho. Cuando el hecho de exiliarse efectivamente, oficialmente, definitivamente, retumba en los plazos incumplidos. Construir la torre sobre el barro, chapoteando en el huidizo fango del cielo. Tarjeta Blanca. Permiso de salida. Eso esperaba Ilse en Olite.



La alcaldesa belga Ilse Uyttersprot, cazada por la cámara de un turista, puntualiza en Twitter: “No tengo nada que decir. Es una escena privada con mi pareja. El asunto es políticamente irrelevante”.

2 comentarios:

Diana dijo...

Desde luego, fue irrelevante... qué poco interés le ponen...

Anónimo dijo...

exactamente, por estamos tan jodidos los humanos