miércoles 10 de febrero de 2010

Georges Ferdinandy en el Koubek Center

El Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio anuncia la presentación en Miami del escritor húngaro Georges Ferdinandy.

Será el próximo sábado 20 de febrero, a las dos de la tarde, en el Koubek Center (2705 SW y la 3ra Calle, Miami).

Ferdinandy disertará sobre literatura húngara y se referirá a su propia trayectoria como escritor. La entrada es gratuita.

Calendarios de las Damas de Blanco

La ONG Solidaridad Española con Cuba (SEC) acaba de lanzar la cuarta edición del calendario de las Damas de Blanco, correspondiente a 2010, una versión de pared y otra de mesa. Los protagonistas de los almanaques, aseguran los organizadores, “son los prisioneros de conciencia de la Primavera Negra de Cuba y las Damas de Blanco”.

Los almanaques, puede leerse en la web de SEC, “también forman parte de una campaña de difusión para que medios de comunicación y ciudadanos españoles conozcan a estas valientes mujeres y le brinden su apoyo”.

Para más detalles sobre los calendarios, cuyas versiones pueden descargarse gratuitamente en el portal de Las Damas de Blanco, clic aquí.

Desnuda hasta en la sopa


En Déjame que te cuente

martes 9 de febrero de 2010

Borges, el mismo

Hay otros clips de Jorge Luis Borges, en los que su imagen queda más sobria y convencional; este es mejor, porque lo revela como fue, un viejito amable, a veces no muy seguro, ansioso y feliz y cordial. Nada que ver con la imagen casi monstruosa con que fue adorado, Dios sabe por qué oscuro deseo de sus seguidores, porque es evidente que la tiesura de esfinge la puso el culto vulgar que recibió, no la proyectó él mismo. Este fue Borges, el mismo que escribió esos cuentos de aliento metafísico y filosófico; es también el de poemas tiernos a un pueblo y a un amor, tan bellos como las filigranas con que entendió su propia paradoja. ¿Hermético o recluido a una forma peculiar? Él dijo no escribir para un público selecto, pero tampoco cediendo a la vana banalidad del arrimado. Es obviamente el memorioso, porque todo el misterio reside en las profundidades de esa caverna ciega que tuvo sobre sus hombros, asombrada de las peregrinaciones y los cultos que recibió y que, mortal al fin y al cabo, disfrutó con amabilidad.



De la serie Voces Literarias, de Ignacio T. Granados

Paranoia

por Armando Añel

Durante mucho tiempo ignoré, quizá por descuido o franca incapacidad, tal vez por una suerte de mecanismo de defensa inconsciente –aún no lo tengo claro—, lo sintomática que resultaba para una mayoría de mis socios del gremio cultural la asistencia física, en persona, de este humilde servidor a sus presentaciones, lanzamientos o comparecencias. Hace relativamente poco descubrí, sin embargo (y no me pregunten cómo), que mi ausencia a dichos eventos podía marcar, incluso, el comienzo del fin de una amistad o, tal vez deba decir mejor, de una sociedad, con el (o la) convocante en cuestión.

Por supuesto, no se trata de que mi presencia fuera importante en ningún caso, sino de que para algunos el hecho de que acudiera o no constituía, o constituye, un termómetro de mi (o tu) aprecio, o de mi (o tu) consideración, o de mi (o tu) interés hacia ellos. Lo cierto es que a menudo, y en este país, ese termómetro no trabaja adecuadamente: la familia, las obligaciones acumuladas, el trepidante modo de vida americano, tantos factores y tan disímiles, impiden que uno haga lo que, supuestamente, querría hacer. Ausencia no implica desinterés. Quienes piensan que sí lo implica están en un error, seguramente, ¿pero cómo sacárselo de la cabeza?

Quiero, de cualquiera manera, disculparme aquí, públicamente. La mayoría de esas ausencias han estado, como quien dice, justificadas, pero también es verdad que algunas pueden ser ubicadas en aquella zona del tiempo en que aún desconocía que mi asistencia física, mi persona, ejercía de termómetro para algunos colegas y/o amigos(as). Que el hecho de acudir o no a éste o aquél evento podía marcar un antes y un después en nuestra sociedad, o amistad. El exilio a veces nos pone ultrasensibles. La paranoia acecha a la vuelta de la esquina.

Saramago, Galeano: La retórica oportunista

por José Luis Sito

Hay que leer dos textos, uno de Eduardo Galeano y otro de José Saramago, publicados en el País Semanal, la revista dominical del periódico El País, el pasado 7 de enero de 2010. Es una lectura muy instructiva para comprender la miseria intelectual que domina ciertas cabezas pensantes. Ejemplos innobles de la instrumentalización y de la explotación con fines políticos de una catástrofe natural que ha causado la muerte de quizás 200.000 personas en Haití.

Lo que escriben, o mejor dicho, lo que fantasean estos dos fantasiosos de la pluma histérico-anticapitalista, antiimperialista y anti-burguesa, está tan cargado de esnobismos ideologizados y pasiones politizadas que podemos preguntarnos cómo pueden dos ilustrísimos escritores, uno de ellos novelizado, tener el aplomo y el descaro, la desfachatez, de publicar tales explotaciones políticas de la miseria humana. Es algo vergonzoso.

La primera frase en sacar sus afiladas garras ideológicas es la que termina el primer párrafo: “Las dijo [las palabras citadas] un oficial superior del ejército, expoliado de esta manera de su haber, como sucede tantas veces, en favor de alguien más poderoso”. Es un ejemplo de lo que en el texto de Saramago aparece como una simplista carga semántico-ideológica, un binarismo que opone aquí, como en todas partes, a los poderosos contra “lo más ínfimo de la escala social”, los ricos contra “los no-seres”. Son las propias palabras de Saramago, que compara a una persona pobre con un no-ser.

Según él, “los barrios ricos, comparados con el resto de la ciudad de Puerto Príncipe, fueron poco afectados por el sismo”, y no da explicación alguna sobre tan tajante afirmación. Pero no solamente “los ricos” salvaron sus vidas y sus bienes inexplicadamente, sino que además Saramago pretende --con acentos que no logran esconder su odio— que “no hay noticia de que un solo haitiano rico haya abierto sus bolsas o aliviado sus cuentas bancarias para socorrer a los siniestrados”. Una acusación infame que no reposa sobre veracidad alguna, pura retórica. Pero no se conforma con estos ataques de clase, injustificados y embusteros, necesita más saña, y termina el párrafo: “El corazón del rico es la llave de su caja fuerte”.

Para rematar, nuestro novelizado socialo-fantasioso termina comparando lo ocurrido en Haití con las catástrofes producidas por el hombre. Compara el terremoto con el calentamiento global en una amalgama que induce ambigüedad y tiende a confundir; así, el terremoto de Haití, de cierto modo, es un producto capitalista. No faltan ni siquiera los tonos colonialistas para terminar la pintura político-ideológica.

Es la diferencia entre el sofista y el pensador. El sofista utiliza cualquier bajeza para sus fines últimos, explota cualquier situación para dominar los espíritus, le expolia al lector la capacidad de pensamiento y de crítica, impidiéndole con sus manipulaciones retóricas y sus trucos semánticos, tan bien aprendidos, pensar por sí mismo, formarse una opinión.

En el mundo miserablemente espectacular que vivimos no es de extrañar lo que leemos. El espectáculo de la miseria ajena siempre hace vender periódicos y permite a las “almas nobles”, como Saramago, crecer como la mala hierba.

No les hablo del texto de Galeano, acmé de la mala fe y de la propaganda, que termina apoteósica y enfáticamente: “Las tropas norteamericanas han regresado, traídas por el terremoto, y sobre las ruinas ejercen el poder absoluto”. Lo que hubiera sido noble para Saramago y Galeano es que las tropas de los actuales dictadores cubano y venezolano hubiesen tomado por asalto la isla martirizada.

Hay que aprovechar todo lo que se presenta, hasta los terremotos. ¡Seamos oportunistas! El comunismo, el socialismo, la izquierda, lo exigen. ¡El bien de la humanidad lo exige! ¡Y el bien somos nosotros! ¡Solamente nosotros! Todos los demás son enemigos de clase.

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Sobre las libertades individuales

Ignacio Agramonte nació en Camagüey en 1841 y murió combatiendo en Jimaguayú, en 1873. Abogado brillante. Al iniciarse la Guerra de Independencia en 1868, se incorporó a la lucha. Allí su valor y talento militar le hicieron destacar, hasta alcanzar los grados de Mayor General. Asimismo, trabajó como secretario en la primera Asamblea de Representantes a la Cámara de la República de Cuba en Armas, firmó como diputado el Acta de Abolición de la Esclavitud y redactó, junto con Antonio Zambrana, la Constitución de Guáimaro.

El siguiente es un fragmento del discurso pronunciado en febrero de 1866 ante el Rector y el Claustro de la Universidad de La Habana.

Sobre las libertades individuales

Vive el hombre en sociedad porque es su estado natural, es condición indispensable para el desarrollo de sus facultades físicas, intelectuales y morales, y no en virtud de un convenio o de un pacto social, como han pretendido Hobbes y Rosseau.

Funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella. […] el gobierno debe respetar los derechos del individuo, permitiendo su franco desarrollo y expedito ejercicio […] La centralización llevada hasta cierto grado es, por decirlo así, la anulación completa del individuo, es la senda del absolutismo; por el contrario, la descentralización absoluta conduce a la anarquía y al desorden. Necesario es que nos coloquemos entre estos dos extremos para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden.

La centralización no limitada convenientemente, disminuye, cuando no destruye, la libertad de industria, y de aquí la disminución de la competencia entre los productores, de esta causa tan poderosa del perfeccionamiento de los productos y de su menor precio, que los pone más al alcance de los consumidores. La administración, requiriendo un número casi fabuloso de empleados, arranca una multitud de brazos a las artes y a la industria; y debilitando la inteligencia y la actividad, convierte al hombre en órgano de transmisión o ejecución pasiva.

La centralización hace desaparecer ese individualismo cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción, destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas.

El gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y la razón, sino tan sólo en la fuerza; y el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano cuando los hombres, conociendo sus derecho violados, se propongan reivindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal dominación.


Evidentemente Agramonte aludía en este discurso al despotismo colonial español, el cual gobernaba con mano de hierro la Isla e impedía las libertades de los pobladores criollos. Las libertades civiles y políticas, así como las libertades económicas de los productores insulares, se veían menoscabadas por la autocracia peninsular. Hoy, bajo otro régimen igual de despótico que aquél, y que controla la vida y sucesos de cada ciudadano, se reproduce en Cuba la pesadilla totalitaria que anticipaba El Bayardo en su discurso. De aquí que sorprenda la increíble vigencia del pensamiento liberal de Agramonte 144 años después.

De la serie Pensamientos Cubanos, de Enrique Collazo

lunes 8 de febrero de 2010

¿El espíritu de las naciones? (II)

por Ignacio T. Granados

El bolero es de España

Attaquons dans ses eaux la perfide Albion
Louis Marie de Ximénez

“Pérfida”, espeta el malevo a la mujer que le corroe las entrañas, y es su propio grito de impotencia, porque en realidad él ama sus carnes, no importa si abundantes o magras, y su carácter, no importa si agrio o dulzón. Peor aún, en la agresión se escuda, de tan vulgar, porque la sabe imposible, no importa si llega a poseerla, y le corroe la posibilidad de que piense en otro mientras se refocila con él.


No es extraño que el diplomático francés (Ximénez), con esa incontinencia de los poetas, llamara pérfida a la distante belleza de Albión; tampoco que, aunque francés, su origen sea ibérico, lo que más bien explica el pasionario que es la política en las proyecciones culturales. Al fin y al cabo, España estaba del otro lado de los Pirineos; cuando cuajó Europa, Iberia era otra cosa, una desconfianza de aquella conversión de sus primos. Grave cuando esa fundación comprometía el futuro espléndido de Occidente, al que se incorpora la Iberia pero algo retrasada y sin acomodarse por completo, al punto de irle hasta en Contrarreforma. No por gusto su pasión la despertaría Albión la Alta, por más que la pretendiera la Galia; después de todo también, fue el Humanismo inglés el que justificó el Capitalismo [el Progreso], mientras los franceses se sumieron en la contradicción de una revolución esclavista.

Al fin y al cabo también, parece que el viejo Platón tenía alguna razón en sus intuiciones, con aquello de que las relaciones [Eros] eran un principio universal que seguía un canon inamovible. La perfidia que reclama un amante despechado es una auténtica declaración de amor, nada más ibérico que esa envidia solapada; porque España llegó a casi regir Europa excepto a la esquiva Albión, desde Italia y Alemania hasta la Francia, a la que contamina cuando a ella la posee Napoleón. A nadie deben extrañar esas extrañezas, que en la paradoja se regodea quien puede, porque para ello tiene. No hay como el elusivo espíritu para explicar esos comportamientos esquizoides en que las naciones, como sus nacionales, creen saber quiénes son y hasta lo que quieren.

El tiro del troll

Arte por comida para Haití

La Leal’s Gallery, ubicada en la 1555 SW y la 8th Street, de Miami, anuncia para el próximo 12 de febrero, entre las 7:00 y las 12:00 p.m., la exposición “Arte por comida para Haití”.

Se trata de un evento benéfico en el que, avisan los organizadores, “un grupo de artistas donará la totalidad del dinero recaudado por la venta de sus obras para ayudar a la sufrida población de Haití. Los fondos irán directamente a la American Red Cross, organización que se encargará de distribuir dicha ayuda entre los damnificados del terremoto”.

“Esta operación podría borrar las diferencias entre arte y vida, desde el momento en que una obra de arte haga la diferencia entre la vida y la muerte para algún ciudadano de Haití. Los coleccionistas que deseen adquirir obras deberán pagar con cheque a nombre de la American Red Cross”, añade Leal’s Gallery.


Entre los artistas participantes figuran Abel Quintero, Adriano Nicot, Alejandra Goldberg, Ana María Sarlat, Arturo Cuenca, Carlos Masis, Casimiro González, Cedey de Jesús, Cristian Ortiz, Cundo Bermúdez (cortesía de Cundo Bermúdez Museum & Gallery Inc.), Deborah Nofret, Dania Sierra, Edgar Gutiérrez, Edin Gutiérrez, Ernesto Capdevila, Héctor Cata, Humberto Castro, Ignacio Pérez Vázquez, Joaquín González, Joel Núñez, José Castro, Juan Lara, Laura Luna, Marc Andries Smit, Mariano Costa Peuser, Martín Carbajal, Natasha Perdomo, Néstor Arenas, Noel Santiesteban, Odalis Valdivieso, Orestes Bouzon, Pedro Ávila, Rafael Consuegra, Rafael López-Ramos, Rosa Naday Garmendia, Sergio Lastres, Teresa Ortiz, Vicente Dopico-Lerner y Yovani Bauta.

Para más información, los interesados pueden llamar a los teléfonos 305-642-3133 y 786-337-1628.

¿Venuba o Cubazuela?

por Roberto Lozano

Una hipótesis creíble sobre la defenestración de Carlos Lage y Felipe Pérez-Roque es que ella fue consecuencia directa de sus comentarios no autorizados. Pero no los que hicieron en tono de burla contra Raúl Castro --si fuera por eso habría que destituir a media Cuba—, sino los que hicieron designando a Hugo Chávez como segundo presidente de Cuba después de Fidel, pasándole por encima a Raúl.

Esa sí fue una trasgresión grave, ya que representaba un peligro latente a la sucesión familiar establecida entre los hermanos Castro, además de constituir una afrenta a la soberanía de Cuba. Raúl Castro tiene que haber interpretado esas declaraciones de Lage y Pérez-Roque como el anuncio de lo que vendría después de la muerte de su hermano. Si esta hipótesis es correcta, entonces los defenestrados cometieron el error de enseñar sus cartas demasiado temprano, ignorando que estaban conspirando contra conspiradores profesionales. La decisión de Raúl fue racional. No tenía sentido esperar a que sus potenciales competidores forjaran alianzas con otros actores foráneos; quizás España también estaba detrás de la maniobra. Era mejor sacarlos de circulación preventivamente, como hizo Raúl.

Con la destitución de Lage y Pérez-Roque muere la idea de Cubazuela: Cuba como una posesión foránea del naciente imperio bolivariano, con Chávez como emperador. Es obvio que Raúl Castro y sus seguidores no le iban a entregar la Isla en bandeja de plata al chavismo. Es casi seguro que interpretaron la maniobra de Chávez y sus aliados, Lage y Pérez-Roque, como un intento de convertir a Cuba en una provincia de Venezuela después de la muerte de Fidel Castro. Por otra parte, tiene sentido que Chávez estuviese tratando de asegurar el futuro de su cuantiosa inversión. ¿Toda la plata que ha invertido en la Isla a cambio de qué?

Sin embargo, ahora parece tomar fuerza la opción de Venuba: Venezuela como una provincia externa del castrismo, o sea, la cubanización de Venezuela. Raúl Castro y sus generales saben que una revuelta generalizada en Venezuela, u otro Golpe de Estado que termine con el régimen, pondrían en peligro el mantenimiento de los subsidios. Cualquier nuevo gobierno en Caracas que reestructure la relación económica bilateral con Cuba a precios de mercado, o sencillamente envíe a los médicos cubanos de regreso y cierre las llaves de los pozos de petróleo, pondría a La Habana al borde del colapso financiero.

Por eso tiene sentido que el castrismo esté intentando penetrar al ejército venezolano, y a sus servicios de inteligencia, mediante el entrenamiento de soldados y oficiales en Cuba. Sobre todo, plantando personal de confianza en todas las instituciones claves, para asegurar la continuidad de los subsidios. Esta semana se dio a conocer la noticia en medios de prensa venezolanos de que Chávez había promovido a varios coroneles cubanos a posiciones de mando dentro su ejército, incluyendo la unidad blindada más poderosa del país.

Metáfora del Super Bowl

[Carpe Diem]

por Ignacio T. Granados

Dice la tradición —tomémoslo con pinzas— que el football americano surgió en la localidad inglesa de Rugby, cuando un grupo de vecinos se reunió para jugar soccer, con la peculiaridad de que ninguno sabía las reglas. En vez de enzarzarse en académicas y estériles disputas, uno cogió el balón y se tiró a correr; y por supuesto, los de su bando lo apoyaron, mientras el equipo enemigo trató de impedirle que llegara a la meta.

Balompié no jugaron, eso está claro, pero la pasaron muy bien, que es lo que querían; y de paso refrescaron el panorama con una nueva modalidad, capaz de suscitar tantas y tan intensas emociones como la tradición que trataron de seguir.

Igual nos salvamos en las culturas romances, que no se habían inventado los créditos académicos para que pudiéramos gastarnos la culturaza que nos gastamos, y quizás lo que importe sea esa pasión que te garantiza la continuidad en nuevas formas, capaces de refrescar el tedio del paisaje. Claro que toda reducción in extremis es at absurdum, así que tampoco seamos malevos; mejor convengamos en que la educación está bien, pero no como corsé sino como plataforma para el crecimiento, no como limitante sino como expansión.

En todo caso, si todo es efímero, ¿dónde si no en la creación continua y el crecimiento está la razón de ser que te justifica? Si tu nombre se lo llevará el viento, y también a tus amantes y tus conquistas, ¿no se trataría entonces sólo de vivir ese momento?

Tabla de salvación

La Tabla funciona como una totalidad de lo dicho en secreto, como la experiencia que acumula varias experiencias: la autobiográfica, la de la familia y conocidos, incluso las experiencias de lecturas, la de una cultura adquirida, también, de manera arbitraria y feroz, es decir, canibalesca.

“El filósofo español José Ortega y Gasset –hijo de un cubano nacido en Cárdenas, como Virgilio Piñera– escribió en algún momento que el hombre aspira a salvarse agarrándose a una tabla de salvación: la cultura. Es esa la impresión que deja la lectura de La Tabla. La de ser confluencia de una expresión que desborda la experiencia del sujeto y al mismo tiempo le sirve para flotar en medio de la tempestad, para salvarse”.

Armando Valdés-Zamora en su blog

domingo 7 de febrero de 2010

Por los animales (y sólo para los adultos)

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