jueves, 19 de noviembre de 2009

Fidel Castro y la avicultura (I)

por Roberto Lozano

Es un patrón reiterativo de los sistemas totalitarios de izquierda que el dictador controle la esfera económica a su antojo. Esto ocurre porque, una vez desterrada o aniquilada la clase empresarial, prohibidos los sindicatos libres y reducida la propiedad privada a su mínima expresión, no queda ninguna fuente alternativa capaz de compensar el poder ilimitado del dictador. El proceso de toma de decisiones económicas queda en manos de éste, que decide cuánto poder delega a sus subordinados. En el caso de Cuba, Fidel Castro demostró no estar dispuesto a delegar autoridad. Tomemos sus intervenciones en la avicultura cubana como una muestra de la tesis anterior.

Como puede corroborarse al leer varios de sus discursos a lo largo del periodo 1959-1998, el dictador impuso su criterio en todos los niveles. Tomó decisiones en cuanto a la alimentación de los pollos, la adquisición de incubadoras y crías, la construcción de naves, la instrucción de los técnicos y la genética, con independencia de la opinión de los expertos nacionales o extranjeros. Casi nada escapó al control del máximo líder, a pesar de las grandes lagunas de su conocimiento técnico y práctico.

La influencia de Fidel Castro en el desenvolvimiento de la avicultura cubana no fue diferente a la de ningún otro sector agropecuario, ya que el dictador intervino con el mismo furor en la agricultura, la ganadería y la pesca. No importa cuán raros o inverosímiles fueran los experimentos del avicultor en jefe, éste raramente encontró oposición a sus ideas, ya que la inmensa mayoría de los subordinados intuía cuáles serían las consecuencias de confrontarlo. Muy pocos tuvieron la osadía de cuestionarlo en público o en privado, y aquellos que lo hicieron terminaron pagando un alto costo en sus carreras, siendo relegados a posiciones de menor importancia en la campo o la burocracia estatal.

Es evidente, al releer los discursos de Castro, que las minucias técnicas y administrativas del sector atrajeron periódicamente, como un imán irresistible, su atención, desatando periodos de actividad febril, seguidos por otros de abandono tras un cambio brusco en las preferencias de su atención.

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