jueves, 4 de noviembre de 2010

Pedro Merino: El monstruo

El bombillo no se encendía. Aun apagado emitía en sus filamentos un brillo opaco. Sánchez adujo que había bajo voltaje. Le dijo a Roque que comprobara si el katao estaba bien conectado. El amigo le obedeció. Al llegar al metrocontador, aspiró un olor a quemado. Observó con paciencia los cables, el katao, todo.

De repente un chisporreteo lo asustó. Retrocedió. Gritó con fuerzas. Fue un grito de auxilio. Pero los vecinos dijeron que “de miedo”. Desde las chispas, se le apareció un monstruo. Sus manos eran tan largas que apresaron a Roque. Casi no hizo resistencia. Los vecinos descubrieron el cuerpo carbonizado.