martes, 11 de enero de 2011

Aplicar los Principios Arcos

por José Gabriel Ramón Castillo

La investigadora Susanne Gratius recomendó a la Unión Europea (UE) ser más común y coherente en sus relaciones con Cuba, y lo expone en un documento titulado “Cuba y Europa más allá de la Posición Común”, en el que plantea que existen cuatro posiciones diferentes en el seno de la UE, muy difíciles de conciliar. Habla de la posición de los países nórdicos, que “exigen liberar todos los presos políticos antes de avanzar en las relaciones y el pleno respeto de los derechos democráticos”; de los atlantistas, aliados de Estados Unidos, que “priorizan sus relaciones con Washington y actúan con cautela”; de los anticastristas convencidos que “reclaman un diálogo privilegiado con los disidentes, mayor presión política y sanciones diplomáticas” y los comprometidos, llámeseles compromisarios ideológicos, que “favorecen una política de compromiso crítico o incondicional por principios o antiamericanismo”.

A su entender, el debate del pasado 25 de octubre evidenció una paulatina pérdida de influencia de España en la política de la UE hacia la Isla, y asegura que detrás de la visión europea de un cambio pacífico que se realice desde arriba están los modelos de transición conocidos en Europa del Este, Rusia, América Latina, España y Vietnam. Y pregunta: ¿por qué la UE tiene una política de cooperación normal con Vietnam mientras aplica medidas restrictivas contra el régimen de Myanmar y una política diferente hacia Cuba? No cabe la menor dudas de que la interrogante resulta muy interesante, a lo que se debe añadir el por qué los Estados Unidos hace otro tanto con Cuba, con la cual tiene una relación extraña al mantener el embargo comercial y financiero y al mismo tiempo ser el mayor suministrador de alimentos a la Isla.

Francia descongeló las relaciones con Cuba al firmar un acuerdo de cooperación siguiendo así la práctica habitual de todos los Estados miembro de los 27 de establecer acuerdos con el Gobierno cubano y tener presencia económica y diplomática para cuando se produzca la transición. Desde luego la reacción hostil de La Habana al mantenimiento de la Posición Común no facilita el diálogo y se sigue la lógica cautelar de Washington, tal y como recomendó el Instituto Brookings al presidente Obama en el establecimiento de un “compromiso constructivo”, una política basada en la gradualidad de las acciones norteamericanas en la solución del diferendo histórico entre ambos países.

Luego de las conversaciones exploratorias del emisario Christian Leffler, quien se reunió con el vicecanciller cubano Dagoberto Rodríguez Barrera y acordaron sostener un encuentro para un diálogo político, la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, dará a conocer en los próximos días la posición de la UE respecto a Cuba.

Lo que acuerden los europeos y lo establecido por los norteamericanos no puede constituir una barrera infranqueable. El pueblo cubano tiene bien claro que no tiene enemigo externo. El enemigo histórico construido por la propaganda castrista desapareció hace muchos años y hoy se enfrenta a sus propios miedos.

La sociología política contemporánea plantea que “la política exterior moderna debe obedecer a criterios de Estado; a una percepción de la síntesis histórica de la ubicación de un país en el mundo, a una lectura adecuada de los desafíos de la globalización y de su impacto en la vida de cada uno de los individuos de una nación”. Con este criterio es que debe verse a Cuba y no con una visión que victimiza y cuyo mal favor perjudica el entendimiento y la aplicación de políticas concretas para la transición hacia la democracia del régimen cubano actual.

Poner por encima de las necesidades libertarias de la nación cubana algún interés económico o geopolítico, no contribuye al acercamiento con Cuba. Mucho menos usar como arma arrojadiza la falta de un movimiento opositor fuerte y la ausencia de líderes.

La necesidad de reactivar los Principios Arcos es evidente ante lo que se avecina, cuando contrarrestarán de algún modo la incoherencia política y la falta de realismo en la consecución de políticas hacia Cuba, y como tal los corresponsables en la manutención del liberticidio castrista deberán responder en el futuro por sus actuaciones actuales.

Con respecto al Movimiento No Violento Cubano, este instrumento político potencia su actuación interna y externa. No obstante, la cuestión ahora es ser creativos y actuar mancomunadamente en la consecución de los cambios. El empoderamiento de las personas combina la resistencia y la desobediencia civil con la participación ciudadana, cuya potenciación contribuye al traspaso de poder de las instituciones secuestradas a los ciudadanos reales y concretos. La consolidación de la cultura del activismo y la mentalidad estratégica proactiva serán los resultados de la labor civilista que traerá definitivamente los cambios y el establecimiento del Estado de Derecho y la democracia en la Isla.

Hace mucho tiempo, el régimen castrista se abrogó el legítimo derecho de los cubanos de decidir sus propios destinos y sus consecuencias forman parte de la memoria histórica de la nación. Por eso no se le hace reverencia cuando se potencia la inclusión de Cuba en la política internacional. Como tampoco hay favor alguno cuando se concretiza el ejercicio de la libertad económica de cada cubano, derecho reservado hasta hace poco a los personeros del régimen y los inversionistas extranjeros.

Hablar de inclusión es referirse a la contratación en origen, acceso a la información, la comunicación, movilidad, seguridad y otras cuestiones básicas de las que pudiera disfrutar el cubano como ciudadano global.

Los cubanos hoy en día reclaman libertades públicas, derecho de propiedad, circulación de una sola moneda. Hablan de reconciliación nacional y de construir una ciudadanía; de todo cuanto implica modernidad y libertad; de cuanto revaloriza los pilares fundamentales de la democracia y la economía de mercado. Sin embargo, el camino de la transición se iniciará el día que sea liberado el último prisionero político, se respeten los derechos humanos y los demócratas cubanos sean reconocidos mundialmente.

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