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domingo, 19 de junio de 2022

El rey de las mentiras

 


Carlos Alberto Montaner

Donald Trump me ha intentado vender bolas de golf firmadas por él mismo, libros, gorras, fotos y el ‘mundo colorao’. Jamás le he contestado. Debe ser un negocio extraordinario. Multiplican por 10 o 15 los costos. Algún gracioso me incluyó entre sus partidarios y desde entonces, hace meses, de la oficina de Trump me envían esa ‘pacotilla’, y el expresidente me invita a unos actos públicos, como si yo fuera importante para su grupo, con la advertencia de que hará unos señalamientos genuinamente trascendentes.

El senador republicano Marco Rubio no se equivocó cuando, durante la campaña del 2016, dijo que era un con artist o un con man. Lo retrató. Trump es un señor que te hace sentir importante para venderte cosas que bordean la estafa: un título de una universidad fantasma, un piso sobrevaluado en Manhattan o un humilde libro de su autoría que fue escrito por un ghost writer que él no ha tenido tiempo-de-leer. Su sobrina, la psicóloga Mary L. Trump, afirma que su tío tiene las nueve características de los psicópatas enfermos de narcisismo, al extremo de que escribió un libro sobre el sujeto: Too Much and Never Enough: How My Family Created the World´s  Most Dangerous Man.

Ahora se ha visto que la sobrina de Trump no exageraba. Trump estuvo a punto de precipitar una guerra civil en USA, o que la pelea en el Capitolio se hubiera desbordado a las calles. Bastaba con que Mike Pence, el vicepresidente, le hubiera hecho caso a la loca teoría de John Eastman, profesor de Derecho Constitucional, impulsada desde la Casa Blanca, de que bastaba con la negativa del VP a certificar un ganador en el Colegio Electoral para que la elección fuera decidida por el Congreso, con arreglo a un voto por Estado, de manera que esa maniobra favoreciera a Trump. A fin de cuentas, a Trump lo respaldaban 74 millones de votos. Era cierto que Biden había sido elegido por 81 millones de electores, y por la mayoría del Colegio Electoral, por eso Trump debía aferrarse a la hipótesis de que “le hicieron trampas en los conteos y recuentos electorales”.

Como en todas las historias, hay héroes y villanos. El héroe principal es Mike Pence. Un republicano muy serio, exgobernador de Indiana, que le aportaba al ticket Trump-Pence la certeza de que habría en la Casa Blanca al menos una persona capaz de responder a la vertiente cristiana conservadora, dado que Donald Trump no era fiable en los temas de la entrepierna. 

A Pence no le gustó la desconsiderada presión que Trump le estaba poniendo, y decidió consultar con Dan Quayle, el único coterráneo vivo que había sido vicepresidente del país, de Indiana, republicano como él; a quien le tocó verificar el triunfo del demócrata Bill Clinton y su VP Al Gore.

Dan Quayle fue categórico. Lo único que se podía hacer era ratificar los resultados electorales recogidos oficialmente por las juntas. Era una ceremonia casi simbólica. Donald Trump ni siquiera debió pedirle que violara la ley. Ambos -Quayle y Pence- son abogados, y los dos se habían graduado en la Escuela de Leyes “McKinney” de la Universidad de Indiana, aunque mediara entre ellos una generación. (Incluso, compartían algunos profesores). No podían invocar el dudoso desconocimiento de la ley. Estaba muy claro en los papeles que explicaban la transmisión de la autoridad en caso de que hubiera discrepancia.

A Trump le importa un comino la verdad o la mentira. En Maricopa, Arizona, hubo un recuento de votos. Costó nueve millones de dólares. Cuando se le recuerda a Trump el resultado de esa auditoría, afirma, más o menos burlonamente, que “Biden no tiene el aspecto de haber sacado 81 millones de votos”. Lo vergonzoso es la mentira continuada. El poner en duda los resultados electorales porque encaja perfectamente con la premisa de “me-hicieron-trampa” y no con la constatación empírica de los hechos. Se guía, y guía a sus partidarios, por la simple aceptación de las “impresiones”.

No creo en la posibilidad de que este señor rectifique y acepte que ha errado. Lo que me extraña es el eco que encuentra entre los republicanos. Hasta un 70% de los republicanos cree que hubo fraude y que Joe Biden ocupa un puesto que no le corresponde. Entre los hispanos, la etnia cubana, o de origen cubano, incluso los que todavía no se han quitado el salitre, porque llevan poco tiempo en el exilio, muestran las mayores simpatías por Donald Trump, fundamentalmente por oponerse al simplismo de Obama, y por racismo. No tienen en cuenta el daño que le hace a la imagen integral de Estados Unidos.

http://www.elblogdemontaner.com/

domingo, 29 de mayo de 2022

La encrucijada colombiana


Carlos Alberto Montaner

Leo en una investigación sobre Colombia que la pobreza y la falta de oportunidades aumentan las posibilidades de Petro entre los jóvenes. Hay que decirles a los colombianos que por el camino elegido por Petro no hay redención posible, salvo emigrar, como han hecho seis millones de venezolanos, dos millones de cubanos y un millón de nicaragüenses.

No hay un tema más delicado en América Latina que Colombia. Es la única gran nación de Sudamérica que tiene acceso a los océanos Atlántico y Pacífico. Posee una población, más o menos similar, en números, a la española: Colombia 52 millones, España 48. Pero duplica el territorio español: Colombia, un millón cien mil kilómetros cuadrados, incluidas las paradisiacas islas del archipiélago San Andrés; España, medio millón, sin exceptuar las Baleares, las Canarias y las ciudades Ceuta y Melilla, vinculadas por la geografía (y no por la historia) al reino marroquí.

Colombia es un país de desarrollo medio con todos los climas y todos los ambientes. Tiene decenas de universidades, pero sólo dos están incluidas en los informes de los tres “rankings” más prestigiosos de cuantos existen: La Universidad de los Andes y La Universidad Nacional. El resto gradúa profesionales muy competentes, pero hacen poca investigación. Colombia elabora unos 60,000 objetos de los que el país consume habitualmente. Desde palillos de dientes y desodorantes, hasta vacunas muy complejas, conseguidas por el inmunólogo Manuel Elkin Patarrollo, como las que ha desarrollado contra las variantes del Covid 19 y su ya antigua (y controvertida) vacuna contra la malaria. 

¿Se expandirá la izquierda, como sueñan los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua? Incluso, los gobiernos de México (AMLO) y Argentina (Cristina Fernández, la VP, pero es quien allí manda porque tiene los votos). No lo creo. La izquierda debe conformarse con Chile, donde reina Gabriel Boric. Pero no creo que el país que eligió a Uribe, cuando estaba a punto de tirar la toalla, porque no podía transitar por carretera entre las ciudades y debía depender del avión.

En esa época se pensaba que Santos iba a ser una especie de Uribe 2.0, pero le salió la criada respondona, y luego regresó el uribismo con Iván Duque. No creo -insisto- en que la mayoría seleccionaría a Petro. La pregunta que se hace el New York Times (“¿Está lista Colombia para elegir a un gobernante de izquierda?¨) tendrá una respuesta contundente. Será alguien de la centroderecha como Fico Gutiérrez, Sergio Fajardo o Rodolfo Hernández, siempre que no se maten entre ellos. 

Habrá que esperar al ballotage, a la “segunda vuelta”, para decidir, finalmente, quién será el ganador. Yo apuesto por Fico. Estuvo muy bien en los debates. Fue brillante. No acudir a ese ejercicio es un grave pecado. No quiere decir que el hecho de que un candidato no haya participado de los debates no sabrá cómo gobernar, pero es evidente que existe una limitación mayúscula en no poder verbalizar los planes de gobierno y el ataque a las otras opciones. 

Eso acaso quiere decir que no se ha pensado lo suficiente en los demás. Las personas que no pueden anticipar los problemas tienen una tremenda falta de imaginación. La imaginación es necesaria para gobernar bien. Los romanos creían que la facultad de expresarse bien era sinónimo de talento. Por lo menos esa era la postura de Quintiliano, el gran pedagogo de Roma, maestro de Retórica, nacido en el siglo uno de nuestra era. Hoy sabemos que no necesariamente es así, pero existe un vínculo entre los dos rasgos. 

¿Qué es gobernar bien en la Colombia actual? Sin duda, ceñirse a la ley. Si se jura la Constitución es porque se piensa cumplir. Eso es fundamental. Además, hay que cobrar pocos impuestos, atraer cuantiosas inversiones y ser muy cuidadoso con el gasto público. Las economías abiertas, y Colombia lo es, no dejan mucho espacio para la planificación. Por eso es importante que al frente del Estado y del Gobierno no quede un “planificador”, sino una persona que sea capaz de ver las cosas positivas que se ofrecen y las asuma. Es el momento de la imaginación y de convertirlo todo en oportunidades. 

Incluso, es una oportunidad de reducir la inmensa corrupción que existe en Colombia a todos los niveles de gobierno. ¿Cómo se combate la corrupción? Sin duda, con el código penal en la mano. Hay que meter en la cárcel a los corruptos, pero evitando que los actos de gobierno se conviertan en una vendetta. Tal vez recuperando parte del dinero mal habido sea suficiente. Es decir, el ganador de la “segunda vuelta” debe pensar en el futuro y no dedicarse como un obseso a salvar el pasado, que ya sabemos que es insalvable. 

martes, 10 de mayo de 2022

Las palomas, el capitalismo y la dramatización del fracaso


Algunos exiliados cubanos se asombran de la llamada "repatriación". No entienden cómo hay gente que regresa a la esclavitud luego de haber arriesgado tanto, o invertido tanto, en escapar de la esclavitud. Y sin embargo, el rechazo a la libertad resulta común entre humanos, de hecho, probablemente sea mayoritario. 

La libertad no funciona para toda la humanidad sino, aunque duela reconocerlo, para un reducido porciento de la humanidad, una delgada pero multiplicadora porción de individuos capaces, por lo general, de reunir tres actitudes poco comunes: la de responsabilizarse consigo mismos en toda circunstancia, la de no temerle al riesgo -o no dramatizar el fracaso, "que no es lo mismo pero es igual"- y la de poder desapegarse, o liberarse emocionalmente, de la tribu o comunidad de la que proceden. 

No olvidemos que el ser humano es un mamífero y la inmensa mayoría de los mamíferos son gregarios, es decir, precisan de la protección emocional y material de la manada, o de sus cuidadores, para sentirse más o menos a gusto. La libertad los angustia por más posibilidades que abra ante sus ojos, incluso precisamente porque abre "demasiadas" posibilidades ante sus ojos. Como sabía Adolfo Rivero Caro, "es difícil vivir en el capitalismo, es demasiado revolucionario".

Hasta algunos pájaros -y nada más libre que un pájaro- renuncian voluntariamente a su libertad. Obsérvese a las palomas en cautiverio. Las liberan y siempre terminan regresando a sus jaulas y cajones, donde a menudo deben convivir con multitud de excrecencias y basurita acumuladas.

El rey de las mentiras

  Carlos Alberto Montaner Donald Trump me ha intentado vender bolas de golf firmadas por él mismo, libros, gorras, fotos y el ‘mundo colorao...