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lunes, 12 de julio de 2021

Cómo enfrentarse al totalitarismo en América Latina


 Carlos Alberto Montaner

Franklin Delano Roosevelt en 1915 era una especie de viceministro de la marina americana durante la administración demócrata de Woodrow Wilson. En ese momento, en medio de graves desórdenes, asesinaron al presidente haitiano Jean Vilbrun Gillaume Sam. Poco después comenzó la ocupación de Haití mediante el desembarco de algo menos de 400 marines estadounidenses. Wilson no quería que los europeos intervinieran en los asuntos de su traspatio. FDR aprovechó para poner a prueba sus conocimientos de Derecho. Había estudiado “leyes” en la prestigiosa Universidad de Columbia en NY y redactó una Constitución para los haitianos. 

No era cuestión de Constituciones. El país ha tenido 28 y alguna, como la de 1918, precisamente la redactada por FDR, es magnífica. Haití es el “hombre enfermo” de América Latina. (Así le llamaban a Turquía con relación a Europa). El caso haitiano ha servido, sin embargo, para educar a los presidentes estadounidenses en lo que no se puede hacer. FDR en 1934 ya era presidente de EE.UU y decretó la política de “los buenos vecinos”. Algo así como un panamericanismo que renunciaba a imponer sus valores y principios al sur del Río Grande. En ese año FDR decretó la salida de Haití y de Nicaragua y el fin de la Enmienda Platt que convertía a Cuba en una suerte de protectorado norteamericano. 

Pero esa política tenía una severa contradicción. USA no podía sustraerse a su condición de “cabeza del mundo libre”, especialmente durante la Guerra Fría, de manera que Lyndon B. Johnson en 1965 utilizó a la OEA para evitar que se estableciera una segunda Cuba en República Dominicana. 

Dejemos apuntados el ejemplo exitoso de RD, vecina de Haití, con una historia también muy turbulenta, que ya lleva casi 60 años de democracia y prosperidad creciente.  ¿Por qué? ¿Acaso porque en RD se dieron cita varios hombres de Estado, muy diferentes entre ellos, con diferentes ideologías, pero un común amor a la patria, como Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Ángel Miolán o José Francisco Peña Gómez? Tal vez, pero hay un elemento vertebrador en la fuerza utilizada desde el exterior. Esa fue una lección aprendida por los dominicanos. 

El New York Times y Nicaragua

Gioconda Belli, la excelente escritora nicaragüense, ha publicado un gran artículo en el NYT. Se titula Daniel Ortega and the Crushing of the Nicaraguan Dream (Daniel Ortega y el aplastamiento del sueño nicaragüense). Primero establece sus credenciales sandinistas. Tenía apenas 20 años cuando se enfrentó a la dinastía de los Somoza. De los diez miembros de su célula clandestina sólo sobreviven dos personas: ella y otro más. Pero jamás confió en Daniel Ortega. Le parecía un tipo mediocre y capaz de traicionar. Lo hizo. Se convirtió en tirano. Sustituyó una dictadura por otra. Tenía, sí, astucia callejera, pero eso no lo hacía inteligente. Lo tornaba peligroso.

Humberto Belli, hermano de Gioconda, también había sido sandinista, pero rompió con ese grupo político tan pronto se hizo profundamente cristiano. Un día antes de que lo detuvieran alguien le avisó y escapó rumbo a Costa Rica. Los esbirros de Ortega revolvieron la casa y amenazaron a su esposa y a su hija de 16 años con violarlas antes de matarlas. Humberto fue un muy eficaz Ministro de Educación durante el gobierno de Violeta Chamorro. La señora, contra todo pronóstico, derrotó por diez puntos a Daniel Ortega en la década de los años noventa del siglo pasado. Hoy doña Violeta padece de Alzheimer. Quizás es mejor que nunca sepa que su hija Cristiana vive bajo arresto domiciliario; que a su hijo Pedro Joaquín –diputado, exembajador, Ministro, siempre periodista-, se lo llevaron preso y descalzo del hogar que compartía con su esposa de siempre, Martha Lucía; mientras su hijo Carlos Chamorro, también periodista, tuvo que exiliarse, otra vez, en Costa Rica. Por cierto, D. Oscar Arias, el expresidente costarricense, llamó al  dictador nica por teléfono y Rosario Murillo impidió que se comunicaran. 

La estrategia (si esa cosa burda se puede llamar así) de Daniel Ortega y de su “excéntrica” mujer y vicepresidente, Rosario Murillo, hoy odiados por el setenta y cinco por ciento de los nicas, es apresar a todos los posibles candidatos a la presidencia. Cristiana, Arturo Cruz, y así hasta una docena de posibles contendientes están en el punto de mira. Salvo Cristiana, que está detenida en su casa, el resto de los prisioneros siguen desaparecidos. La pareja de dictadores nicas (me atrevo a predecir lo que le hubiera dicho D. Oscar Arias a Ortega)) encontrará que celebrar elecciones en esas circunstancias eliminaría cualquier vestigio de legitimidad que conservaran. 

Revivir la Legión del Caribe, pero a una escala continental

En los años 40 del siglo XX los guatemaltecos eligieron a Juan José Arévalo, los cubanos a Ramón Grau y a Carlos Prío, los ticos a José Figueres, los venezolanos a Rómulo Betancourt y los boricuas a Luis Muñoz Marín. Entre todos ellos se fue forjando la “Legión del Caribe” para luchar a favor de la democracia y contra los espadones. Esa voluntad de lucha se estrelló contra los gobiernos de Estados Unidos que preferían mantener en el poder a sus “son of a bitch” porque estábamos en tiempos de la Guerra Fría.

Hoy la situación es otra. La ola antidemocrática proviene del desamparado comunismo cubano, del populismo de Maduro y del galimatías de Bolivia. Afortunadamente, Biden entiende lo que es trabajar colegiadamente. La OEA y Almagro deberían ser el punto de partida. A la democracia hay que defenderla no sólo con palabras. Como en la Europa de la OTAN, es perfectamente legítimo sacar a cañonazos a Gadafi de Libia o mantener a Kosovo libre de los serbios. Es cuestión de forjar el instrumento. Como sabemos, contrario a la intuición, el órgano determina las funciones.

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sábado, 26 de junio de 2021

Destino y limitaciones de Pedro Castillo


 Carlos Alberto Montaner

El miércoles 28 de julio, el día de la independencia, pudiera comenzar a gobernar Pedro Castillo en Perú. Lógicamente, sentirá "la tentación revolucionaria". Ojalá no sucumba a ella. Fue un final de infarto. Es lo que dice la mayoría de la “Junta Nacional Electoral”, incluido un representante de las universidades privadas. Aparentemente, Castillo le ganó a Keiko Fujimori por unos cuantos miles de votos. En total, más o menos, fueron 16 millones de sufragios. Ocho para Castillo y ocho para Keiko, menos los votos con los que supuestamente ganó Castillo. Ni Keiko ni Castillo cometieron fraude. Hubo, sí, pillerías sueltas, como en todas las elecciones, pero nada que suponga un cambio en los resultados generales. Lo dijo la "Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la OEA, Rosa María Palacios y Gustavo Gorriti. Lo ha dicho el sursum corda.

Pero no es una división únicamente ideológica. Es también geográfica. Casi todos contra Lima. El norte, no. El sur del país está contra Lima, incluso Arequipa, la segunda ciudad de Perú. La capital mira a España, a Francia, al resto de Europa, a EE.UU, a la modernidad. Es cosmopolita. En la capital vive un tercio del país. Un 65% votó contra Castillo. Es la misma gente que hoy está sacando su dinero del país, comprando oro, cuadros internacionalmente valiosos, diamantes. He visto sacar fortunas en espuelas de gallos de pelea, en relojes de marca y en libros impresos. La imaginación es ilimitada cuando peligra el bolsillo. Por lo pronto, han colapsado los organismos que expenden los pasaportes y los departamentos consulares de las embajadas del Primer Mundo. “No hay animal más cobarde que un millón de dólares”, reza el viejo dictum.

También hay una división étnica mucho menos precisa. Los cholos y los indios, grosso modo, están con Castillo acaso porque los pobres lo respaldan y estos suelen ser cholos e indios. A contrario sensu, es difícil encontrar un pituco que no esté con Keiko, pese a tratarse de una candidata no-blanca. Aunque a veces los rasgos y la melanina nos engañan. Los cholos y los indios que han conseguido prosperar y educarse, juegan en primera división –para utilizar una metáfora futbolística– y están también muy preocupados y sacan su dinero del país. En general, la escisión es entre los que luchaban por salvar su futuro y los que estaban empeñados en batallar por los agravios pasados. Ganaron estos últimos.  

Obviamente, así no se puede gobernar. Ollanta Humala había sido cooptado para que hiciera la misma “revolución” que tiene Castillo delante, pero se dio cuenta de esa situación y desistió antes de precipitarse al abismo. Naturalmente, Humala no escuchaba los malos consejos de Vladimir Cerrón, que es un  perverso “Pepito Grillo” simpatizante de "Sendero Luminoso", sino la incomprensible jerigonza del “etnocacerismo” que le proponía su padre, también un ultranacionalista entreverado con ciertas concepciones marxistas. Era fácil desechar las tonterías que decía y optar por los consejos de Nadine Heredia, su avispada mujer.

Es muy importante entender que no existe la bala de plata para matar la pobreza. No hay atajos hacia la riqueza. Como dejó dicho Ian Vásquez, un estudioso del Cato Institute, Perú, en los últimos años, ha vivido la más larga era hacia la prosperidad que ha conocido la historia del país.  La única revolución posible ahora mismo en Perú es la honradez administrativa y la decisión de hacer al Estado más eficaz. Si se le poda el amiguismo que impera en las contrataciones, si se invierte sabiamente en educación y sanidad, al cabo de unos años se verán los resultados positivos. 

Es muy importante que al frente del Estado haya unas personas decentes que no se dejen tentar por el dinero fácil. Es una vergüenza que Perú sea el país del planeta donde el Covid 19 ha dejado más muertos con relación a la población. “Lo que no  puede ser, no puede ser y, además, es imposible”, decía el torero realista y sabio. Ojalá que Pedro Castillo se dé cuenta de esa verdad incontestable. De lo contrario, durará seis meses en el poder. El Congreso lo depondrá. Lo ha hecho un par de veces. Tiene experiencia. Pero me temo que precipite al país a una guerra civil. 

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lunes, 31 de mayo de 2021

Vacunas, ideología y varias preguntas candentes


Carlos Alberto Montaner

Una encuesta reproducida por la BBC (Mundo) “reveló que el 28% de los estadounidenses creía que Bill Gates quiere usar las vacunas para implantar microchips en la gente. Entre los republicanos esa cifra alcanzó el 44%”.

El reportaje de marras se titula Vacuna del coronavirus: 4 teorías conspirativas desmentidas por expertos. Además de la que culpa a Bill Gates, hay al menos otras tres que no tienen nombre ni apellido. La que afirma, sin ninguna base científica, que la de Pfizer y Moderna “cambian” el ADN de las gentes al inyectar una sustancia llamada ARNm. La que asegura que la vacuna vinculada a la Universidad de Oxford utiliza tejido fetal producto de abortos. Y la más peligrosa, la que despacha a todas las vacunas con la falsedad de que es igual vacunarse o no hacerlo, porque el contagio espontáneo logrará en algún momento la “inmunidad de rebaño” que permite ignorar el virus, como sucedió hace un siglo con la mal llamada “fiebre o gripe española”.

Quienes sustentan esta última teoría conspirativa olvidan el daño permanente que les deja a algunos supervivientes el COVID 19. Más allá del carácter letal del virus, produce unas secuelas en algunas personas que tiende a saturar las redes hospitalarias.

Hay sorteos y premios de hasta un millón de dólares para alentar a la población a vacunarse. Esto sucede en el Estado rural de Ohio donde el incentivo ha dado resultado y se han multiplicado los “vacunantes”. En la Florida, aunque nadie lo ha dicho a las claras, parece que las autoridades han descubierto las ventajas del “turismo de vacunas”. Vienen a Miami de toda Latinoamérica a recibir la vacuna salvadora. No sólo se benefician quien expone su brazo a la inyección y el país de donde procede el viajero, sino la castigada industria hotelera, incluida la línea aérea, los restaurantes y las tiendas. Es una operación buena para todos.

Lo que no resulta óptimo ni conveniente es la proclividad de los republicanos a darles cabida a las “teorías conspirativas”. Pregunto, desde mi total y absoluta independencia, equidistante de demócratas y republicanos: ¿por qué afirman, mayoritariamente, que la presidencia de Joe Biden es producto de un fraude electoral? 

Si esto fuera cierto, los manifestantes que penetraron en el capitolio el 6 de enero del 2021 serían considerados héroes por tratar de ahorcar a Mike Pence, ex vicepresidente de Donald Trump. Si esos republicanos tienen razón, Pence es un despreciable traidor, que habría vulnerado las instituciones electorales estadounidenses.

¿Por qué Trump, ante el fraude de Biden y los demócratas, les pidió a sus partidarios que se marcharan del capitolio, en lugar de convocar al pueblo a que secundara a los patriotas, incluso poniéndose él mismo al frente de la manifestación? ¿Es Trump un cobarde que olvidó sus responsabilidades como jefe del país y del partido fundado por Lincoln?

Traicionar la forma de transmisión de la autoridad en Estados Unidos es hoy una causa más importante que la secesión de los 15 estados sureños contra los 20 del norte en 1861. ¿Por qué Donald Trump no presentó las pruebas del fraude? La opinión pública lo hubiese respaldado vehementemente. 

¿Por qué en 63 oportunidades los tribunales, sin una sola excepción, incluida la Corte Suprema con mayoría conservadora, declararon “sin lugar” la denuncia de fraude hecha por Rudy Giuliani y otros trumpistas prominentes?

¿En qué momento el FBI, mayoritariamente compuesto por caballeros (y algunas damas) republicanos, los campeones de la ley y el orden desde su fundación por John Edgar Hoover, abrazó el ideario liberal de los demócratas, en el mal sentido de la expresión?

Hay muchas más preguntas, pero las guardo para un próximo artículo.

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Cómo enfrentarse al totalitarismo en América Latina

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