google.com, pub-9878019692505154, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Cuba Inglesa: El milagro de la democracia

lunes, 13 de abril de 2009

El milagro de la democracia

por Alvaro Alba

La OTAN es la organización que más ha crecido en los últimos años. Todos en Europa quieren pertenecer a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y ahora acaban de ser izadas las banderas de Albania y Croacia en el Estado Mayor de la Alianza en Bruselas, la capital belga.

Albania se ha convertido en el mejor ejemplo de la transformación europea, de la más lamentable dictadura a una nación plena en el Viejo Continente. Según el criterio de la OTAN, tanto Albania como Croacia (que también entra ahora a la Alianza) han demostrado en la práctica que son capaces de defender los valores de la organización, y ahora cuentan con la solidaridad de los aliados. Albania tuvo en Enver Hoxha la caricatura estalinista que se mantuvo en el poder desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta que murió, en 1985.

Los caprichos políticos de esa copia siniestra de Stalin hicieron que Tirana rompiera con el Kremlin cuando se criticó el culto a la personalidad del dictador soviético, y dejaron a un lado los compromisos con el Pacto de Varsovia y el CAME, para acercarse a China y su política maoísta. Cuando Pekín establece relaciones con Washington, Hoxha decide seguir su propio camino. A su muerte, en 1985, no había en Albania comunicación telefónica con el exterior, circulaban 400 automóviles y se contaba con 700 mil búnkeres para repeler una agresión externa. El sucesor de Hoxha, Ramiz Alia, intentó seguir los pasos de éste, pero ya eran los tiempos de la Perestroika, y Europa Occidental se sacudía de los dictadores y de sus aprendices.

Ceaucescu caía con las protestas al igual que el Muro de Berlín, y el gobernante albano se vio obligado a firmar la Declaración de Helsinki, que en 1975 habían rubricado los dignatarios de Europa, Estados Unidos y Canadá, donde importantes puntos sobre derechos humanos eran compromisos adquiridos. Alia tuvo que resignarse a permitir elecciones parlamentarias libres en 1991, y una huelga general lo llevó a la dimisión primero, procesado por crímenes contra la humanidad, y a guardar prisión por varios años después. Sali Berisha, un cardiólogo de profesión, se encargó de aliviar y salvar al paciente.

Pionero en pedir el fin del monopolio del partido comunista y la implantación de una economía de mercado, supo guiar al país en aquellos primeros años de transición, y fue su presidente de 1992 a 1997. Una crisis de bancos piramidales en 1997 casi lleva al país a una guerra civil, donde pillos nacionales y exiliados se unieron para estafar a millones de ingenuos ahorradores. La intervención de una fuerza de paz de la OTAN evitó males mayores. Volvió a ser electo en el 2005 y aceleró el proceso de adhesión a la OTAN, en busca ahora de pertenecer a la Unión Europea. Los soldados albaneses han participado en numerosas campañas de pacificación. Sus instructores de las últimas décadas son alemanes y franceses, y las maniobras militares conjuntas se hacen con los italianos y turcos. El 95 por ciento de los albaneses apoyan la membresía en la Alianza, y el acontecimiento es considerado como un milagro de la libertad y la democracia.

Hoy día el sureste de Europa ya no tiene brechas, ni hay peligro de amenaza para el continente. Las fronteras se amplían hacia el Oriente y todavía queda pendiente la entrada de Macedonia, Montenegro, Kosovo, Bosnia-Herzegovina y, si Belgrado lo desea, hasta Serbia. Asignaturas pendientes son Ucrania y Georgia. El ejemplo albano muestra que todo es posible en Europa, hasta haber sido una cruel dictadura y terminar siendo un modelo de transición.

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