google.com, pub-9878019692505154, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Cuba Inglesa: Romper el molde del exilio

martes, 14 de abril de 2009

Romper el molde del exilio

por José Luis Sito

Algo esencial para la comprensión del exilio, es su evolución a través de la Historia. Si para Seneca, exiliado por el emperador Claudio, el espíritu nunca puede padecer el exilio, ya que el sol, la luna y las estrellas le confirman diariamente su inclusión en el orden del universo, para Shakespeare ya no es una experiencia dichosa de lo universal, como dice Seneca, sino un símbolo del hombre huérfano, desmembrado, dramáticamente quebrado.

Con la identificación nacional en la época moderna, el exilio se torna una ruptura trágica de la identidad síquica y colectiva. Nostalgia, aflicción y agonía estremecen al exiliado que vive en dos mundos construidos opuestos, dos significados enfrentados. Por un lado, un mundo de proyectos renovados, de fuerza alborozada. Por el otro, la presencia de una vida que se perdió, de un decaimiento post-traumático. Por algo esto termina tantas veces en una ficción literaria, en la “ficcionalización desahogante” de la literatura.

La nacionalidad es un peso que hunde el exiliado moderno, más aún el cubano, náufrago de la ficción nacional y patriótica fabricada por el castrismo. “Soy cubano, soy popular”, decía un lema publicitario al que sustituyeron por la propaganda “soy cubano, soy revolucionario”.

Hay que reconocerlo, el “exilio cubano” es hoy día una bruma informe, una madeja embrollada donde se mezcla todo, todos y cualquier cosa. Un molde, producto táctico del castrismo en la forma y en la sicología, destinado a fabricar soldados de plomo y construir una ficción para uniformar y uniformizar ideológicamente un conjunto de individualidades diversas y contrastadas, muchas veces opuestas. Para mejor canalizar y agredir.

Este molde, esta fabricación sintética, hay que romperla. Todos los cubanos residentes fuera de Cuba no responden a los mismos criterios, circunstancias, motivaciones, causas. No tienen las mismas esperanzas ni deseos respecto a su país de origen. No poseen el mismo sentido de la formación de la identidad ni comparten las mismas aspiraciones al sentimiento colectivo. Sin hablar de las diferencias generacionales que han ido trastornando la comprensión histórica con su pasado.

A esto debemos añadir el paso del tiempo, un elemento fundamental de la formación del espíritu de un exiliado, que lo corroe imparablemente. Luis Araquistáin, exiliado republicano español, declaraba en un congreso en los años cincuenta: "Nuestro creciente aislamiento de España explica nuestra ineficacia política. Somos espectadores de la historia, hemos dejado de ser actores. Fallidas las esperanzas de que el mundo exterior liquidaría el régimen franquista, los emigrados tenemos bien poco que hacer políticamente fuera de España [...] El tiempo corre en contra de la emigración”.

Los cubanos residentes fuera de la Isla, si quieren encontrar una cierta eficacia política, tienen que salir de la posición de víctima desterrada y buscar otras formas de armonía en común, alejadas de la nostalgia, del nacionalismo castrista y de la máscara de la ficción exiliada. Localizar nuevos puntos de encuentro y de unión que no sean exclusivamente los de “exilio”.

Meloni: ¿Oportunista o fanática?

  Carlos Alberto Montaner En los años 1959, 60 y 61 se referían en Cuba a los “melones políticos” como alguien que era verde por fuera y roj...