lunes, 18 de octubre de 2010

Fidel Castro, el Tartufo impostor (VII)

por José Luis Sito

“Para Fidel, la realidad y la verdad eran elementos dóciles y moldeables que adaptaba a la construcción de un discurso permanentemente al servicio de su leyenda personal de gran líder de la humanidad”, escribe Carlos Alberto Montaner. Pero lo que construye Castro antes de todo y con suprema urgencia en el primer decenio de su asalto al poder es “su leyenda personal de gran líder de la revolución”. El de la humanidad vendrá más tarde, una vez la impostura indispensable del revolucionario esté metida en todas las cabezas.


Se impuso un ritual de la impostura. La impostura hecha costumbre (la farsa, la máscara, la mentira) se vuelve un refugio del presente vacío, de una realidad vacía, de un cascarón vacío.

Quien mejor explica este movimiento de falsificación es Maurice Blanchot en Le rire des dieux (La risa de los dioses), un ensayo de 1965: "Estamos ante un universo donde la imagen deja de ser secundaria en relación a su modelo", "donde la impostura se pretende como verdad, o donde, en fin, ya no hay más original sino un centelleo perpetuo donde se desparrama, en el estallido de las idas y las vueltas, la ausencia del origen".

Al final ya nadie sabe dónde estaba ni está la verdad, nadie la reclama, ya tan sólo aparece la imagen, la simulación, el simulacro: la impostura entonces puede seguir perpetuándose, inmortal y eterna.

Cecilia Hart, fanática castrista, resume perfectamente este lavado de cerebro, esta ilusión, respondiendo en el año 2004 a su propia pregunta: ¿Por qué la revolución cubana no se ha derrumbado? Porque, escribe esta castrista trotskista, “cuando nos referimos a Cuba decimos siempre revolución cubana y jamás Cuba socialista”.

Aquí, ella misma está señalando la enraizada impostura: la “revolución cubana” es únicamente una expresión vacía, un asunto verbal, de lenguaje, de simbólica y de imaginario que penetró totalmente, totalitariamente, en todas las cabezas sin ninguna relación con la realidad ni los hechos, y que los castristas mantienen enraizada en las mentes como una revolución permanente. Esta mentira, esta impostura y este impostor se impusieron con tanta hondura que hasta Carlos Alberto Montaner, a pesar de su admirable trayectoria de defensor de la libertad de Cuba, y de su lucidez, puede escribir que “La famosa “revolución ciudadana” que proclama y defiende Correa […] es más un fenómeno de agitación y sobresalto”. Pero no se pregunta si la famosa “revolución cubana” que proclama y defiende Castro no sería también el mismo fenómeno: más una agitación y un sobresalto que otra cosa.

¿Por qué ha sido imposible y sigue siendo imposible pensar el acontecimiento real de 1959?

Castro ya no puede enmascarar ante la opinión internacional que dirige una dictadura. Pero sí puede todavía enmascarar su dictadura con una revolución.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Y esta longaniza es eterna así, como un castigo?

Anónimo dijo...

parece

jose luis sito dijo...

Castro encontró los simples, los tontos, los cínicos, los aprovechadores y oportunistas necesarios para fabricar su impostura y legitimarse. No era difícil en aquellos años, aquí habría que situar la cuestión nacionalista y revolucionaria, que son las mismas de hecho, y lo esencial en todo este meollo impostor. Por ejemplo, cuando en el primer día de 1959 Castro grita “ahora si que es una revolución”, está simplemente diciendo “ahora si que la Nación cubana es realmente independiente”. El castrismo es únicamente un nacionalismo extremo, terriblemente violento, que lo hace asemejarse en todos los aspectos al fascismo italiano de un Mussolini, el cual concibe su asalto al poder en términos de “rivoluzione fascista”, es decir de una revolución nacional. La “italianità” es la misma concepción para el fascismo italiano que la cubanidad lo es para el castrismo. Si se analiza el castrismo y el fascismo de un Mussolini, quien en 1959 venia de desaparecer hacia solo 14 años, las similitudes, las analogías en muchos aspectos son asombrosas y evidentes. El castrismo y el fascismo italiano son gemelos. La revolución nacional fascista y la revolución que pregona y con la que se gargarizan los hermanos Castro tienen un mismo fondo común: un nacionalismo exacerbado, extremo, violento.
No era difícil en aquellos años 40 y 50 encontrar a creyentes para asaltar al poder en nombre del nacionalismo cubano, de una identidad cubana supuestamente perdida, o de una patria supuestamente en peligro, matizada con el término revolución ya utilizado por el propio Marti. Por eso el castrismo también inventa un Marti, pero un Marti revolucionario, no inventa cualquier Marti.

jose luis sito dijo...

La creencia que fabrica el impostor necesita creyentes para hacerla realidad, y son esos creyentes la que la vuelven realidad. Por lo tanto esos creyentes son más que creyentes, son cómplices. El discurso dominante constituye una asociación de impostores con sus lazos de intereses mutuos. El pueblo termina siendo cómplice e impostor a su vez, una masa que esconde la impostura inicial y participa de la impostura.
La masa, este grupo de simples no comprendió que toda la estrategia del impostor consistía en la fabricación del cómplice. Es así como la impostura revolucionaria y el impostor revolucionario siguen revolucionando: porque el cómplice sigue siendo un cómplice: es decir, porque el pueblo cubano sigue convencido de haber participado y de seguir participando a una revolución maravillosa. Y de hecho participa a una impostura criminal.

El pueblo cubano es cómplice de la revolución, de la impostura. Y esta cuestión nadie quiere plantearla y menos resolverla. Para encontrar la libertad es necesario que el pueblo cubano comprenda en que impostura “revolucionaria” lo metieron. Es necesario salir de esta mentira castrista “revolucionaria”, porque no hay futuro en la mentira.

Habría que añadir también la cuestión marxista-leninista o soviética, que aquí es importante del punto de vista oportunista para Castro. Fue a partir de 1959 cuando Castro, que no era comunista en absoluto, encuentra la oportunidad de mantenerse en el poder volcando la palabra revolución de un puro nacionalismo violento, extremo y agitador a una polisemia más amplia. El vocablo revolución encontrará con los izquierdistas su apoteosis, dándole a la “revolución cubana” su matiz de mentira absoluta, de mito. El mito que los castristas o los izquierdistas de aquella época necesitaban para perpetuar la mitología comunista pasablemente agrietada con la historia del estalinismo. Aquí los castristas y los izquierdistas europeos a iberoamericanos encontraron su oportunidad. La supuesta “revolución cubana” fue un encuentro oportuno, oportunista de factores izquierdistas y castristas.
Castro, sobre la marcha de su totalitarismo, también encontrará en el leninismo una justificación para sus metodos violentos y extremos, en particular en la palabra enemigo que es la clave de todo el aparato ideológico leninista.

jose luis sito dijo...

La suma de toda esta mayonesa de ideas fascistas y leninistas, nacionalistas, martianas y etc, no constituye una revolución, sino el castrismo: amasijo indigesto, violento y criminal de las divagaciones de un Castro impostor que encontró fácilmente en aquel momento preciso de la historia cubana el agujero por donde entrar para darle un golpe fatal al Estado cubano.
Aquí lo dice claramente el 6 de enero de 1959: “Mientras otros se dedicaron a conquistar militares para dar un golpecito de Estado y que siempre estuviéramos dependiendo de los militares, de que quitaran y pusieran gobiernos, yo jamás fui a buscar a nadie para conspirar. Fui a buscar al pueblo, me presenté ante los campesinos con unos cuantos fusiles.”
En efecto, no le dio un golpecito, sino un golpazo, no se puede ser más claro. Fabricando su propio ejército de guajiros, ya que le era imposible asaltar al ejército regular cubano como ya lo había intentado antes. Y el dictador lo dice de una manera totalmente cínica, abiertamente, sin temer cualquier objeción, ya que su conspiración golpista nadie quiere verla ni nadie esta autorizado a verla.

Todo esto en definitiva necesita un estudio, una investigación inmensa, un trabajo de mucha paciencia y voluntad, que no creo nadie esté dispuesto a hacer, ya que la época reclama cosas rápidas y fáciles de engullir como pavos.

Solo espero que esta cuestión “revolución cubana” sea tomada un día a brazos abiertos y quitándose de encima todos los prejuicios del momento para entrar en el camino de la verdad, con coraje.

Le doy las gracias a Armando Añel por su paciencia y haberme dejado tratar de un tema fundamental, decisivo, en este periodo trágico de la historia de Cuba. La “revolución cubana”, esta mentira castrista, es indispensable, vital, sacarla de su impostura y revelar el tartufo impostor, Castro, un golpista tartufo, mentiroso, hipócrita, patrañero, un vulgar criminal, violento y extremista.

jose luis sito dijo...

El castigo de esta serie ha terminado, como dicen algunos o algunas mendrugos/as.
Pero el castigo del pueblo cubano tampoco, precisamente por la misma razon.

jose luis sito dijo...

Cierro la serie con este comentario, pero no es el fin, el término. Si cierro aquí en los comentarios es precisamente porque queda abierta la serie a posibles ramificaciones, investigaciones, debates, discusiones, suponiendo que alguien encuentre la voluntad y la necesidad. O sea dejemos en lo abierto, y por lo tanto abierto a todos los vientos. También cierro aquí en los comentarios porque es en este espacio donde cabemos todos, y donde todos debiéramos expresarnos como en una agora actualizada.

Falta mucho para esto, por ahora es solamente una blogueria cubana. Por no decir màs...