miércoles, 10 de noviembre de 2010

Pedro Merino: El fiasco

El extranjero se vistió y salió a la calle. Notó que la gente lo miraba. Se fijó en una mujer que portaba unas gafas. La siguió. Dobló la esquina. No estaba alumbrada. Friccionó a la mujer y la dejó arrodillada.

El extranjero se viste y sale a la calle. Volvió a notar que la gente lo miraba más que ayer. No puede fijarse en una mujer ni en nadie. Lo siguen. Dobla la esquina. No está alumbrada. Lo friccionan y queda arrodillado después de recibir una paliza. En la Estación de Policía confiesa:

—Soy inocente.
—¿Sí?
—Liberadme.
—¡Mientes!
—Nada hice, ami...
—Están prohibidas las sotanas.