viernes, 10 de diciembre de 2010

Juan Carlos Recio: Campos de algodón

Al amanecer
miro los campos de algodón
en Carolina del Sur
y los caminos
expuestos desde su color amarillo
como manteles perfectos
al borde sin poder llorar como los muertos
y donde los rayos del sol calientan
y me adormecen

No evito ser un condenado más
que se evapora cuando pienso
en la inmensidad de todo dolor aunque nos muestre
la blancura de un campo sembrado
frente a una casa destartalada por la nieve.
Atravieso mi propia vida
etapas unas y otras sin fondo
cuando guardaba el algodón
el escaso sembrado de dos surcos
que en sueños mi padre mostraba con todo su esplendor.
Aún duele aquí la sangre derramada
y se esparcen al viento
los gritos de los que no pudieron escapar;
presiento que he escapado
de ser un fugitivo toda mi santa condena
y huelo, que de tanta sangre
la siembra es azul, casi celeste
y que del blanco de los ojos dormidos
como estos campos cuando amanece
solamente me descubren al misterio.

Oh Dios, tú eres también:
blanco y negro como las tragedias,
que no evaporan tampoco la memoria;
huelo la sangre de los que pasan
condenados de una carretera a otra
de las vidas veloces que nos anteceden
y de los partos oscuros sobre la blanca crueldad
de los miedos que se asoman
para verme pasar como un forastero
que piensa y mira, piensa y mira
en un pasado que es presente:
la vida nunca se trasluce
con el dolor de saber de qué color es la miseria.

Amanece,
sobre Carolina del Sur
contra mis ojos:
sobre los campos de algodón
y sobre la sangre;
cautivo y fugaz
voy cruzando a alta sensibilidad
sobre una esperanza que si olvida
al menos no pueda desaparecerme.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

la vida nunca se trasluce
con el dolor de saber de qué color es la miseria.

Anónimo dijo...

Oh Dios, tú eres también:
blanco y negro como las tragedias

Anónimo dijo...

voy cruzando a alta sensibilidad
sobre una esperanza que si olvida
al menos no pueda desaparecerme.