lunes, 14 de febrero de 2011

Blogueros, manifestaciones y levantamientos en Cuba

por Joan Antoni Guerrero Vall

Hace pocos días Miriam Celaya atacaba contundentemente la iniciativa del grupo de Facebook “Por un levantamiento popular en Cuba”. Su contundencia parece indicar que quien la promueve es percibido como su enemigo. Hoy, otra bloguera alternativa, Regina Coyula, en su blog Mala Letra, se posiciona también en contra de (¿o reacia con?) la iniciativa porque, según ella, “está condenada al fracaso”. No tendría capacidad de convocatoria y, además, “podría ser una provocación”, añade.

Por esta regla de tres sus blogs también tendrían que estar cerrados. Y no lo están. Desde el exterior les tendríamos que estar impulsando a que clausuraran de inmediato esas bitácoras ilegales temiendo por su integridad y, claro, tampoco quisiéramos que, por ejercer su derecho (no reconocido en Cuba) de libertad de expresión fueran a parar con sus huesos en las cárceles de la dictadura castrista. Pero no. Desde fuera somos muchos los que apoyamos y seguimos apoyando a los bloggers que ejercen un derecho cuyo gobierno no reconoce en el territorio en el que viven.

Me resulta particularmente contradictorio defender el derecho a la libre expresión en un ámbito concreto virtual y recoger velas cuando se trata de llevar el ejercicio de ese derecho al espacio público. Para mí, una manifestación pública sigue siendo una forma más de libertad de expresión y creo que debe ser tan válido impulsar a la gente a ejercer ese derecho en el espacio público como impulsarlo a que se ejerza en un espacio virtual.

Si aplaudimos que Antúnez salga a la calle, si admiramos a unas señoras que pacíficamente -gladiolo en mano- salen por las calles de La Habana cada domingo, si reportamos las marchas de Reyna Luisa Tamayo Danger por Banes, ¿qué hay de malo en animar a que muchas más personas se sumen a acciones de este tipo y hagan lo mismo? En Cuba, la protesta callejera no tendría que ser cosa única y exclusivamente de señoras. Es hora de animar a los jóvenes a plantarse, sin ánimo de violencia, ante un poder omnímodo que les niega la dignidad.

Cortesía Punt de Vista

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