martes, 10 de enero de 2012

El vuelo de la humildad

“El maestro no está muy lejos, está ante nuestros ojos y ofrece constantemente su enseñanza: la cruda realidad de nuestra vida cotidiana. La evidencia de nuestra salvación está ante nuestros ojos, la evidencia de nuestra no-omnipotencia, de que nuestra pretensión es radicalmente absurda, imposible, ilusoria; la evidencia de que no hay que temer esperanzas que no tienen realidad, de que estamos y siempre hemos estado en el suelo, de modo que no hay caída posible. La evidencia de que el vértigo no tiene razón de ser”. Hubert Benoit.

La evidencia de que nuestra pequeñez no radica en arrastrarnos como el gusano, sino en volar con la ligereza transparente de la mariposa. Me explico mejor: La humildad que propone Benoit es interpretada aquí no como falta de ambición, sino como falta de pretensión. Vencido el personaje petulante que se cree en la cumbre, que asume que todo gira a su alrededor, que vive obsesionado por el qué dirán y cómo lo dirán, es posible acceder a la felicidad a través del movimiento, de la creación en el tránsito sin mayores pretensiones (preocupaciones). Entonces cobra sentido la frase “haber llegado a la cima significa tener que volar”. Significa no limitarnos a la vanagloria de plantar bandera en la cumbre de la montaña. Significa lanzarnos desde allí al vacío creativo, despreocupado, poético, que propone el vuelo de la mariposa. Para eso, y sólo para eso, vale la pena escalar hasta la cima.