google.com, pub-9878019692505154, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Cuba Inglesa: China, Vietnam y el caso cubano

viernes, 3 de abril de 2009

China, Vietnam y el caso cubano

por Roberto Lozano

El mayor éxito de la transición hacia un capitalismo de Estado oligopólico en países como China y Vietnam -donde varias empresas privadas, estatales y mixtas, compiten en el mismo sector- fue evitar que sus sociedades se fueran de súbito por la misma cloaca histórica por la que se fueron sus homólogas europeas. El nuevo modelo de capitalismo de Estado introdujo un mayor nivel de competencia en dichas economías.

Aunque el socialismo estalinista de economía centralizada y planificada mantuvo una posición doctrinaria contra la propiedad, principal factor que le separaba del fascismo, el éxito de la reforma capitalista china iniciada por Den Xiaoping, unido a la debacle del modelo estalinista en la URSS y en Europa del Este, forzó a Vietnam a seguir las pautas de China, sencillamente porque no podía sobrevivir sin las reformas. Tras varios lustros del derrumbe socialista en Europa, ambas sociedades abandonaron el modelo de economía planificada utilizando mecanismos capitalistas y de mercado, aunque cada una de ellas con diferentes grados de extensión y profundización. Ahora persiguen una estrategia de desarrollo recalibrada, fundamentalmente, mediante la inversión extranjera, mayor competencia sectorial, métodos de contabilidad capitalistas, el retorno de la tierra al pequeño campesino, una expansión acelerada del papel empresarial de las instituciones armadas, el traspaso de capital y bienes a compañías anónimas en el extranjero y la recomposición gradual, aunque limitada, de una clase empresarial en el sector privado.

El resultante es un modelo socioeconómico donde la propiedad privada convive tranquilamente -por el momento- con un sistema político totalitario, aunque no puede expandirse sin restricción, dado el papel dominante del Estado.

La diferencia entre China y Vietnam, por un lado, y Cuba por el otro, es que los Castro se han negado a profundizar la reforma –incluso la han revertido- por miedo a que el proceso se les vaya de las manos. Temen que culmine en una transición democrática y por eso construyen cautelosamente un capitalismo de Estado. Aunque a principios de los noventa autorizó las remesas desde el exterior, despenalizó la tenencia de dólares, impulsó el turismo, cerró industrias improductivas y legalizó el trabajo por cuenta propia, el castrismo también se opuso vehementemente a que los cubanos pudieran ser los dueños de pequeñas y medianas empresas mientras abría las puertas al capital extranjero.

El capitalismo de Estado cubano es uno que sólo dio sus primeros pasos para alejarse con temor del modelo económico estalinista de economía planificada, y ahora aguarda en cuanto a la permanencia, dirección y profundidad de las reformas. ¿Aguarda qué o a quiénes? ¿Tal vez al levantamiento incondicional del embargo estadounidense? Es algo que sabremos en los próximos meses.

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