viernes, 20 de noviembre de 2009

Fidel Castro y la avicultura (III)

por Roberto Lozano

En 1963, después de haber incumplido las promesas de 1961 y 1962, a pesar de que constituían un “compromiso con el pueblo”, Fidel Castro anuncia que para finales de la década convertirá a Cuba en una “potencia exportadora de huevos y de carne de pollo”, y compara a Cuba con Holanda y Francia. La magia transformadora, según el dictador, vendría de la mano de la centralización de la producción en manos del Estado, la continuada y creciente inversión estatal en la preparación técnica de la mano de obra y la manipulación genética y alimenticia. No importaba que hasta esos momentos estos mismos mecanismos sólo hubieran servido para agravar el déficit de carne de pollo y huevos.

El 20 de julio de 1963, en un discurso pronunciado en el INRA, el dictador advertía, obviando su propia experiencia como empresario fracasado, que “muchos de los problemas que hemos tenido en cerdos, en aves y en todo, se derivaban de que cualquiera que en su vida había visto un pollo se ponía a criarlo”. Por supuesto, que el comandante no iba a permitir que otros mortales se dedicasen a criar pollos de forma privada para su comercialización, sobre todo si lograban hacerlo de forma exitosa, cuando él mismo no había podido. ¿Para qué intentarlo de nuevo si el propio Dios Fidel había fracasado?

En ese mismo discurso, anuncia la pronta transformación de Cuba en potencia tecnológica avícola y da a conocer su descubrimiento personal de la “gallina pastoral”, que según el dictador lograba poner huevos con una alimentación a base de pangola, una hierba utilizada en muchos países tropicales para alimentar al ganado.

A finales de la década del sesenta, a pesar de la gran inversión de recursos y de la continuación de los experimentos genéticos y alimenticios, la industria sólo logra mantener constante la producción de huevos y carne de pollo por habitante, en parte debido a la explosión de la tasa de natalidad, pero también a la mala administración empresarial causada por la abolición del sistema de contabilidad y costos durante la Ofensiva Revolucionaria, y por el incremento del costo de las importaciones, causado por la expansión de la capacidad productiva sin tener en cuenta su dependencia de las importaciones de insumo.

Para 1968, el dictador protesta porque una libra de carne de pollo necesitaba diez libras de insumo importado en las naves cubanas en vez de las tres que se habían calculado de antemano. Posiblemente, el robo de pienso para la cría privada, la autorizada y la no autorizada, ya hacía estragos en las cuentas de las granjas estatales.

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