jueves, 28 de octubre de 2010

Erótica: La blogosfera cubana contra los demonios (II)

por Manuel Gayol Mecías

Erótica, la novela, es —entre tantas cosas— una amplia percepción del sexo como potencialidad presente y futura y, al mismo tiempo, como potencialidad de ser un hecho antropológico desde la perspectiva del hedonismo. O sea, el placer aquí es una latencia del lenguaje que se halla en la historia de una imaginería sexual que nunca acaba por aparecer, y que sólo se propone como expectativa. Lo erótico, así, es la belleza intrigante de una narración turbadora por impredecible; semántica que evoca el suspense de una posibilidad en el hecho de que el título crea la ilusión del estereotipo carnal y voluptuoso que se ha inventado del cubano, como si fuera vehemencia de necesidad perviviendo en la genética de un ser intenso.

Pero incluso es mucho más: es fábula de la imaginación creadora cuando se devela como un islote imaginario que, a pesar de ser pequeño e invisible, en su aspecto de universo paralelo puede representar la fuerza de una nueva generación, al tiempo que nos cuenta una historia de las probabilidades futuras de Cuba, la Isla en su objetividad, en su corporeidad, pero también ahora/aún en su propia contradicción de Espejismo.



Erótica, como conformación dialéctica de sus distintas eras (Thamacun, El Reducto, La Playa, Playa Hedónica, Cumberland y la propia Erótica), es la dimensión no-física y contraria a la Isla que inventaron los Castro: bueno, la Cuba de 1959 hasta nuestros días; una zona, además, extremadamente cerrada y prohibitiva, crepuscular y resbaladiza, esquiva, que se rehace constantemente en el subconsciente de un ser que pretende ser muchos seres, o que ciertamente es muchos seres y aparenta no estar pero que es, por su naturaleza ya errante —a partir de esa fecha tan conocida al modo de un divisor—, como la del mismo judío (la diáspora de los exiliados cubanos regados por todo el mundo); o de una manera un tanto más en broma, como si un poco de la inspiración hubiera sido sacada de aquella serie radial, comics o muñequito de Tamakún el Vengador Errante, personaje ficticio de Armando Couto, un escritor de radio y novelas en Cuba.

Ciertamente Thamacun, Cumberland o Erótica, como breve cúmulo de voces a modo de satélite invisible, dimensional y paralelo, es “el concepto de dejar de ser planeta —de ser totalidad— para convertirse en energía. Para desnudarse en sí mismos”.

La metafísica de esta novela, entre otros aspectos, es el pulso de su lenguaje, con esa energía en que convierte —de manera vital— su humor corrosivo, sutil. La de una palabra transgresora no sólo a nivel político, sino además a nivel del tipo de fábula que nos da un discurso propio en apego a determinadas intertextualidades literarias. Quizás esta novela en su lenguaje, y en su sentido semiótico y fabular, nos recuerde sutilmente a 1984 y también a Rebelión en la granja, ambas de George Orwell.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Dejen el chisme y la comedura de mierda y lean poesia de la buena, cabrones.

AUTORRETRATO (SESENTA Y TRES AÑOS) CAJA DE PANDORA

Alopecia, prurito el cuero cabelludo.
Un forúnculo en la frente.
Cefalalgias: no baja la presión arterial.
Una verruga en el glúteo, meteorismo, almorranas: habrá que meter cuchilla; yo
que pensé que esa zona permanecería intacta.
No eyaculo.
Mareos: la glotis políglota se ha vuelto monocorde.
Legañas: lirón se reabsorbe (otra caída sonámbula) en el sueño: derrame del ojo.
Tensión (ya está haciendo otra vez el gran simpático con acompañamiento de
neuronas, de las suyas): tirantez de cuello, hombros,
vientre, esfínter, muslos, empeine:
callosidades repartidas por todo el
territorio.
Halcón (Om) alrededor de una circunvolución (mani): disco rayado en su espesor
(padme) de una circunvolución (hum):
ni Buda ni la cabeza de un guanajo:
espesura.
Sobaquina, halitosis matutina, hoy descompuesto, mañana estreñido: incorregible.
Se me ha picado un diente, ya esto es el colmo, a mí, que a mí se me pique un
diente, lo nunca visto, yo que he tenido una de las
mejores dentaduras del país, en un país
donde el dentista se muere de asco
mirándose las uñas, musarañas en el
espejo, el consultorio vacío.
Zumbido permanente en el oído, de mayo a mayo ceniza: palpo la ingle, corindón.
El fiestero hace el papelazo de pedirle a la dama le conceda esta pieza en honor de
su cumpleaños: más muerto que vivo, al
al dar un paso, lumbago. Se sentó. La
Dama baila al compás de un trombón
(a solas).
Hernia de hiato; retención de orina, vegetaciones, artritis, gota a gota la gota
punzante con sus estrellas me interrumpe el ritmo
de la lectura. Oír música celeste. El
número sesenta y tres se me aparece de
bastón (temblón) pijama a rayas, gorro
de dormir, la compasiva mano del arhat
pidiendo a Ananda orientación, le pide
(vaya guirigay) a Buda, supervisión: intento
escuchar, ojo velado, espejo intérprete (de
sí) mi espejismo.
Destapo la caja, terminó la inspección más o menos cutánea, Pandora salta de
Afrodita en Celestina travestida: la inteligencia de
Atenea se ha convertido en verme de un
solipsismo: y de las Gracias y las Horas
al extender yo la mano recibo cascajo,
papilla de malanga con zanahoria.

Anónimo dijo...

Alopecia, prurito el cuero cabelludo.
Un forúnculo en la frente.
Cefalalgias: no baja la presión arterial.
Una verruga en el glúteo, meteorismo, almorranas: habrá que meter cuchilla; yo
que pensé que esa zona permanecería intacta.
No eyaculo.

Este tipo no solo no es poeta, es un cochino.
!Que asco!

Anónimo dijo...

Eso me gusta, man. Todo el mundo sabe de Goebbels para aca, que lo que hay es que insistir. Insiste, compadre, insiste

que desde aqui yo veo la luz encendida!

Anónimo dijo...

eso es cierto, no basta el talento, hay que insistir. Mira al trolo, por ejemplo, tiene poco talento, pero ha insistido tanto que ya tiene como cinco libros publicados, y dos blogs activos. Ah, hizo tambien una antologia digital... eso se llama insistir!

Anónimo dijo...

Le dieron el alta a Granados.