martes, 23 de noviembre de 2010

Erótica, el espacio interior (III)

por Ángel Velázquez Callejas

He leído una historia sobre el Jardín de Epicuro que no sé si es cierta, pero que revela algo muy significativo. Se dice que un rey fue informado del modo extraño en que vivían las personas allí y por curiosidad fue a visitarlo. El rey al llegar al jardín quedó estupefacto, no podía creer lo que veían sus ojos. Mucha carencia y pobreza, pero una inmensa gracia en el rostro de cada una de las personas que habitaban el lugar. Miró hacia un lado y vio a un hombre debajo de las aguas de una cascada; no se percibía si la cascada era el hombre o el hombre era la cascada. Miró hacia otra dirección y se asustó porque no supo reconocer si era un hombre el que comía una manzana o era el comer la manzana lo que era el hombre. Se dice que el rey abandonó su palacio y solicitó a Epicuro la entrada al jardín. Cuando le preguntaron el por qué de tan atrevida decisión, dijo: “Nunca antes había estado tan cerca de un estado pleno de religiosidad”. Eran tan conscientes los hombres en su quehacer en el jardín, que me enamoré de él. Un poco esto se ajusta a la idea del pensador francés Michel Onfray:

Hay un mal entendido con la figura hedonista. Se cree que hedonista es aquel que hace elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Ese es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Un hedonismo del ser en vez del tener, no pasa por el dinero sino por el comportamiento.

Con el olvido de estar inconsciente del Zorba de la novela de Nikos Kazantzakis, los existencialistas han comulgado con que la vida no tiene sentido y posee un lado trágico. Más o menos es lo que le ha ido pasando a la literatura contemporánea en general: olvida su encanto, la sutileza de ser pragmática al sujeto en cuestión. Debido a esto, los ensueños de Alicia, como también debería retomarlo Erótica para una posible apertura futura, indican que allí no se podrá racionalizar las imágenes en un sistema de palabras que sustituya el arte de vivir el placer, la felicidad como un estado del ser. Una poética de la imagen puede que revele ese olvido del arte y el estado de conciencia.

La obra de Lezama Lima instaura un esfuerzo desde la escritura para invadir el espacio de las imágenes, el espacio del ensueño. Como en el ensueño nocturno no existe voluntad para expresarse en palabras, al despertar en la mañana las palabras pueden visualizar ese ensueño. Cuando se está soñando se es como un niño, pero cuando se despierta de ese ensueño, del lenguaje de las imágenes, se es un adulto. Se cree entonces que la adultez va unida a la madurez de la racionalización. Y Sartre desestimó toda la gracia del ensueño; por eso nunca supo reír. El lado trágico de la vida hipostasia cada palabra, cada juicio y cada sentencia de este eminente pensador.

Sin embargo, es una gracia ver como Guillermo Cabrera Infante empieza una de sus obras magistrales diciendo: palabras, palabras, palabras. Pero esas palabras cambian el ritmo de la situación literaria y Cabrera Infante hedónicamente les imprime la gracia de lo cómico, de la risa y el choteo. No por eso deja de ser también un sistema de palabras. Guillermo Cabrera Infante curiosamente admitió haber sido sorprendido por la ciudad; sus textos literarios le deben el impulso imaginativo a la ciudad de La Habana, a un espacio, como un alumbramiento desde el espíritu creador: fue la ciudad en sí misma, su espacio, no su historia, la que le reveló el espíritu de la democratización del ego y, desde luego, la contrapartida directa frente al totalitarismo en ciernes. La ciudad, el espacio, no es un Hecho en sí mismo, político e ideológico, pero revela la contradicción. Y eso también sucede en Playa Hedónica. La nocturnidad habanera y sus modismos, sus bares y clubes, las tertulias literarias, la cinemateca y la arquitectura moderna en la refundación de la ciudad, vienen siendo una expresión de libertad, de romanceo estético con la fantasía imaginaria occidental. ¡La geografía es más grande que la Historia! Es difícil enamorarse del tiempo, tan fácil como del espacio.

En Erótica la geografía es también más grande que la Historia. Erótica enfatiza el placer amoroso por la geografía del islote. De hecho, hay una poética sensual y amorosa en Erótica. De ahí también la importancia estética de esta novela; revela algo funcional, de manera interconectada: el escritor desvaneciéndose como entidad del ego y posibilitando la manifestación de Idamanda: el goce y el placer solo como posibilidad en una literatura donde el espacio de las imágenes actúa como un puente entre la creatividad y lo creado. En este sentido, Añel es solo un cigoñal entre Idamanda y Erótica. Palabras, pero sumergidas en sueño.

Siempre y cuando el ego se afianza como pretensioso, vanidoso y autoritario, deviene en obstáculo para el nacimiento de la creación, produce un realismo banal y espurio. Pero cuando el ego es solo el vehículo, la conexión erótica con el creador, el arte se manifiesta como gozo. El placer irradia la creatividad. Y de la creatividad brota la libertad. Los éxodos de los cuales se vale la novela para temporalizar la historia de Erótica están más presentes en los ensueños de los cumberlanos que en las sentencias tomadas por el Consejo de los Consejos. Cumberland como fantasía erótica lucha contra la postura social nacionalista implantada en Cuba como una utopía tropical comunista, tal y como lo señala Cabrera Infante.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente, excelente, excelente

Anónimo dijo...

y prudente