lunes, 29 de noviembre de 2010

Dictadores buenos, dictadores malos (II y final)

por Roberto Alvarez Quiñones

No hay dictadores buenos y dictadores malos. Hay simplemente dictadores. Todos deben ser repudiados por igual, sea cual sea su afiliación política e ideológica. Quien gobierna por la fuerza y controla todos los poderes públicos, sin someterse al escrutinio popular, deviene negación de la democracia y hace regresar la sociedad a la Edad Antigua. Como decía Simón Bolívar, “huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

No hay líderes mesiánicos por derecho divino con la misión histórica de guiar a sus pueblos, como alegan los líderes populistas. Suiza, Noruega y Luxemburgo son los tres países con más alto nivel de vida sobre la Tierra (según la ONU) y ninguno tiene caudillos “iluminados”.

Se entiende que en los países en desarrollo hayan surgido líderes populares que han encabezado procesos revolucionarios para derrocar regímenes dictatoriales. Lo que es inadmisible es que esos líderes en vez de restablecer las libertades democráticas se conviertan luego en tiranos peores que los derrocados. En el siglo XXI, las naciones no necesitan ya héroes sublimes --tipo Cid Campeador o Juana de Arco--, sino instituciones democráticas, estado de derecho y las libertades individuales que garanticen el desarrollo de la civilización.

Fidel y Raúl Castro llegaron al poder el primero de enero de 1959 luego de derrocar al dictador Fulgencio Batista –que gobernó Cuba por 6 años y 9 meses—, pero 52 años después siguen en el poder y no lo van a dejar mientras vivan.

Fidel prometió desde la Sierra Maestra que habría elecciones democráticas cuando triunfase la revolución, y que sería restablecida la Constitución de 1940. Pero 36 días después de asumir el control del país, el propio Castro redactó la “Ley Fundamental”, por la cual el Consejo de Ministros que él presidiría definitivamente una semana después asumió los tres poderes públicos. También abolió la Constitución de 1940, y lanzó la consigna de “¿Elecciones para qué?”.

En 51 años y 11 meses jamás en Cuba ha habido elecciones presidenciales y son ya muy ancianos los que recuerdan los últimos comicios de 1948, cuando fue elegido Carlos Prío presidente de la república.

No obstante, es cosa común leer melifluas crónicas como la que publicó el diario La Opinión, de Los Angeles, con motivo del cumpleaños de Fidel, y que tituló: “Cumple 84 años el ex presidente cubano”. Lo mismo hicieron las televisoras de Estados Unidos, y todos los medios del mundo.

Titulares como el anterior constituyen una afrenta al pueblo cubano, como es una ofensa para los chilenos llamar ex presidente a Pinochet.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"cuando triunfase la revolución"

Y vuelta a repetir las consignas castristas: el triunfo de la revolucion, etc y etc.
Ya va siendo hora de quitarse todo el aparato de lavado de cerebro que pusieron los castristas en todas las cabezas. A ver cuando salis de esas tontas mentiras...que es por esta razon entre otras màs que no salis del agujero.
Por lo demas, quitando estos lemas castristas enraizados, excelente post.